Sin sonrojo

Alicia Fernández LA CRIBA

RIANXO

La política actual y sus maneras, en un permanente y circense más difícil todavía, no deja de sorprenderme. Se ha instalado en una ciénaga en la que se refocilan, se autoconvencen y, con dos bemoles, nos dan clases de ética y compromiso. Un lodazal que cada vez está más lejos de la realidad y más cerca de la sinrazón, provocando fracturas en la sociedad que parecen no importarle a nadie. En ese contexto encuadro una intervención del presidente del PP de A Coruña, Diego Calvo, en Rianxo hace unos días.

Era el acto de presentación del candidato popular, Germán Allut, a la alcaldía rianxeira, que se le resiste -pienso que más se les resistirá con los modos empleados- desde la restauración democrática. Desembarco tradicional de todos los partidos: cargo orgánico, cargo político que arropa y algún fontanero que haya cocinado el plato. Hasta ahí todo correcto.

La cosa ya no presagiaba nada bueno cuando en vez de presentar y loar a su candidato, para que después aquél diera unas pinceladas sobre sus pretensiones, dedicó el tiempo a menos valorar y descalificar al actual alcalde, Adolfo Muiños. Pero empeoró hasta límites tan insospechados como extraños al meterse en el pantano hasta el cuello y, después de unas cuantas piruetas, advertir a los rianxeiros que miren bien su papeleta porque votar a Muiños es votar a los separatistas, a Bildu y a Arnaldo Otegui. Sin ponerse colorado.

Quedas pasmada ante el penoso nivel de los políticos profesionales, que son jaleados en sus partidos. En momentos así mi abuela se preguntaba: «¿Qué carallo terá que ver a lúa cos collóns do porco?».