En algunos foros, en los que se incluyen parte de los gobernantes de la comarca, existe la falsa creencia de que, en materia de cultura, todo tiene que ser gratis. Consideran algunos de los políticos que atesoran en sus manos la potestad de elegir las compañías a llamar, los espectáculos infantiles a reservar o los grupos musicales a contratar que cobrar por una actuación es sinónimo de butacas vacías en el auditorio. Pues, una vez más, Noia ha confirmado que lo bueno triunfa, aunque suponga el desembolso de 10 euros por cabeza.
Hasta tres pases de Curtis&Teixeiro, un espectáculo de humor protagonizado por Touriñán y Federico Pérez, ha tenido que programar el departamento de Cultura para satisfacer la demanda de entradas. Lo de cobrar por el teatro, el cine o las actuaciones musicales es en este municipio una vieja costumbre que, al parecer, está muy lejos de provocar el rechazo de los vecinos. ¿Qué pasa, es Noia residencia de personas adineradas a las que no les importa darse a menudo un capricho o han elegido este municipio para vivir todos los barbanzanos amantes de la cultura? ¿No será que, en contra de lo que creen algunos, cuando se programan actuaciones de cierto nivel a los vecinos no les importan rascarse el bolsillo?.
Por extraño que parezca, hay familias de Barbanza que están dispuestas a dejarse más de 200 euros en un viaje a Vigo o A Coruña para que sus hijos disfruten con los populares temas de los famosos Cantajuegos. Incluso las hay que no dudan en coger un vuelo para asistir en el teatro Lope de Vega de Madrid al exitoso musical de El rey león. Eso por no hablar de la cantidad de jóvenes, y no tan jóvenes, que se desplazan una o incluso varias veces al año para ver en vivo y en directo a sus ídolos musicales. Que sí, que cuando una actividad interesa, el precio, si entra dentro de lo razonable, no supone impedimento.
Puede que al principio, sobre todo en aquellas localidades en las que el todo gratis se ha establecido como norma, cueste acostumbrar al público a la obligación de pasar por taquilla, pero seguro que si el pago de las entradas repercute en la calidad de las programaciones, al final el respetable acabará agradeciendo los cambios. Lo único que consiguen los concellos que siguen anquilosados en la vieja idea de que por la cultura no se paga es privar a los vecinos de tener a su alcance determinados espectáculos, pues hay compañías que solo actúan previo pago de las correspondientes entradas.
Y es que, ya que algunos políticos se empeñan en seguir sin darle a algunas actividades el nivel que se merecen, está bien que sean los propios profesionales los que se pongan un precio.