Sin refugio para los barcos escuela

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo RIBEIRA / LA VOZ

MUROS

Carmela Queijeiro

El vacío legal que existe sobre este tipo de embarcaciones ha obligado a tener retenido diez días al Atyla en Cabo

18 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Para muchas personas, uno de sus sueños es poder enrolarse algún día en un barco antiguo de madera, levar anclas, olvidarse de todo, y disfrutar del mar y de todo lo que puede ofrecer esta experiencia única. Hace años surgieron en distintos países de todo el mundo los barcos escuelas, unas embarcaciones destinadas a enseñar a navegar a todos esos marineros en potencia que no tenían ninguna experiencia previa a bordo, pero que siempre quisieron saber cómo era la vida en el interior de un buque

Uno de los mejores ejemplos que hay en España está en el Atyla, un barco escuela que pertenece a una fundación sin ánimo de lucro con sede en Bilbao que desde el año 2014 recorre distintas rutas de toda España y Europa con una tripulación compuesta por cuatro profesionales, que se encargan de enseñar a los distintos alumnos todo lo que tienen que aprender para saber llevar una goleta de madera donde no existe ningún tipo de mecanismo automático ni electrónico. Uno de estos viajes la llevó a atracar en Cabo de Cruz el pasado 2 de mayo, un puerto donde tenía previsto pasar cuatro días para luego partir rumbo a Muros y continuar más tarde hacia Bilbao.

Sin embargo, todos estos planes se fueron al traste cuando entró en escena la Capitanía Marítima de Vilagarcía, que no estaba de acuerdo con el funcionamiento de este buque escuela, puesto que en España no existe ningún tipo de normativa que regule esta actividad en la que una parte de los tripulantes no tienen formación previa. Precisamente, porque existe este vacío legal, el buque escuela había tenido que recurrir a la bandera de la República de Vanuatu, lo que hasta ahora le había permitido poder navegar sin ningún problema.

Solo pasajeros

Más de diez días ha tenido que estar el Atyla retenido en el puerto boirense, una situación que le ha obligado a despedir a los alumnos que estaban embarcados y, a los que iban a subir al barco, reembolsarles el dinero que habían pagado por el curso, y abonar una fianza de 25.000 euros. «Esto ha sido la gota que ha colmado el vaso», lamentaba ayer Rodrigo de la Serna, que ha tenido que pedir el dinero a su familia para poder partir hacia Bilbao.

Critica que la falta de legislación haya terminado con un proyecto que le ha llevado años de esfuerzo, y que funciona sin problema en otros países del mundo. Sin embargo, el Atyla no se quedará en tierra. Su idea es que se transforme en un barco solo para pasajeros.