La jungla

Alicia Fernández LA CRIBA

BOIRO

«Los mercadillos que se celebran en todos los municipios, como casi todo, tienen sus aspectos positivos y negativos»

08 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Los mercadillos que se celebran en todos los municipios, como casi todo, tienen sus aspectos positivos y negativos. Sin duda son un revulsivo en las economías locales porque mueven a las personas del entorno a consumir en un determinado espacio beneficiándose no solo los puestos instalados si no los establecimientos comerciales fijos y la hostelería. También son una oportunidad para los productos de proximidad. Todo ello, más en estos aciagos tiempos, es bueno.

Pero después está la parte negativa. También importante. Que a poco que se suavice el control sobre la colocación, funcionamiento y desmontaje de los puestos se pone más en evidencia. La instalación del mercadillo, por sí misma, altera la vida de los ciudadanos, que en su mayoría no se sirven de él. Restringe aparcamiento -que ya es un bien escaso- y genera un exceso de basura (en algún caso, cuando te quejas de su comportamiento, te contestan que para eso pagan). Y la venta de productos de alimentación se hace obviando una buena parte de las medidas sanitarias que afectan a cualquier establecimiento del ramo.

Son bastante anárquicos. Uno se quejaba hace unos días de un compañero que de forma habitual llega a las diez de la mañana y atraviesa con el furgón haciendo mover a los colegas y poniendo en peligro a los compradores.

Ya en plan surrealista está Boiro. Para desmontar sus puestos, ante la total pasividad de las autoridades competentes, la mayoría estaciona y circula por dirección prohibida por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, con alevosía. Parece como si las normas se suspendiesen los martes por la mañana.