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Alicia Fernández LA CRIBA

BOIRO

Cuando una se cae a un río tiene tres opciones: aprovechar la corriente para ir a donde quería, ir hacia la orilla para salir, o nadar a contracorriente. El problema de la última opción, irremisiblemente, es que degenerará en cansancio y después en ahogamiento. Cuando hace poco más de año y medio, el nuevo gobierno de Boiro y su entorno se jactaban de haberlo conseguido sin pactos, me consta que más de uno les advirtió del pecado original y de que era una temeridad encarar así el futuro. Más que nada por una pequeña cuestión aritmética: cinco escaños es menos de un tercio, muy lejos del 50 %. Y por otra cualitativa: es imposible gobernar bien el Concello de Boiro con tan reducido equipo.

Al conocer la noticia de la dimisión de la edila Marisa Collazo, rememoro esa reflexión. Y me surgen otras, como el extraño enfado del alcalde porque se conozca la noticia o que sea él quien dé las explicaciones y no la propia concejala. El baúl de cuestiones personales es muy amplio, de hecho, al ser una decisión personal, todas las que la motivaron lo serán. Varias personas me comentan que la imagen que se traslada es que hay cansancio, desánimo y ciertas diferencias en el seno del equipo de gobierno. Lo último, a mí parecer, es algo lógico y sin más importancia. Supongo que la sombra de la moción de censura no aportará mucha tranquilidad.

Yo no dudo de la buena intención del alcalde, ni de su calidad como persona. Pero me resulta incomprensible que desde el principio renunciara a poner la aritmética de su parte y aún cuando está cansado, siga nadando a contracorriente.