El criticón

Estevo Silva Piñeiro SOSPECHOSO HABITUAL

BOIRO

24 jul 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Llevo una semana viendo al lado de los contenedores de nuestra casa un pedazo de sandía, cáscaras de huevos y otros desperdicios que no hablan demasiado bien de alguno de mis compañeros de avenida. Hay que ser bastante cerdo para dejar eso en la calle. Tampoco habla demasiado bien de la limpieza de nuestra villa. Todos somos humanos, y no pasa nada si un día o dos no se pasa por una calle determinada a limpiar, pero una semana es demasiado. Cierto es que la peatonal boirense se cuida, del mismo modo que el perezoso en la higiene se lava la cara porque es lo que más se ve, pero abandona el resto de parroquias y termina apestando a chotuno.

Me siento un poco viejales hablando de la limpieza de las calles, pero cuando un pedazo de sandía te da los buenos días hay que hacer algo y, aunque uno se considera más o menos cívico, no va a bajar con su escoba a limpiar la calle.

Me consta que no debe ser fácil dirigir un concello como el de Boiro, como cualquiera de los de nuestra comarca. Somos muchos y no todos colaboran. Y no piensen ustedes que a este que critica le mueve la animadversión. Del mismo modo que puedo recriminar proyectos horribles como el de Avellaneda (por cierto, ¿qué demonios es eso, unas mesas o unos postes para atar caballos? ¿cien mil euros por eso?), el abandono notorio de A Cachada o la tala excesiva en el proyecto del río Breiro, tampoco me duelen prendas en reconocer cuando se hacen cosas chulas como el paseo del río Coroño. Aunque el buen rollo se me pasa enseguida, en el momento en que veo las fotos del derrumbado techo del pazo de Goiáns. Eso sigue siendo imperdonable.