A raíz del juicio sobre el denominado caso de las mascarillas que afecta al exministro José Luis Ábalos
10 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Desde que hace unos días he visto a un sesudo contertulio político asombrarse, a raíz del juicio sobre el denominado caso de las mascarillas que afecta al exministro José Luis Ábalos y a sus mariachis, de que este tuviese enchufadas a un par de personas no he parado de reírme. ¡Aunque lo suyo sería llorar!
Que a estas alturas en España haya alguien que se pasme ante esto solo se puede explicar de dos formas: o vive en la más absoluta inopia o, intencionadamente, se asombra según convenga a sus colores políticos. Vamos, que es un mercenario en acto de servicio. Porque no conocer la realidad de los 8.132 municipios de España, de sus 50 diputaciones provinciales y sus 17 comunidades autónomas, es mucho desconocer para una persona en su sano juicio y con la capacidad de raciocinio más elemental. La comarca del Barbanza no es ajena a este compadreo laboral y es tan habitual como en cualquier otro lugar de nuestra querida piel de toro. Un asunto transversal a todos los espacios políticos porque no es ideología, es tradición, va en la sangre.
Desde la corte de Inés de Castro a la de Rueda, desde los municipium y concillium hasta las actuales corporaciones municipales el enchufismo ha sido un in crecendo permanente. Una puerta de atrás para acceder a la cosa pública, un primer estadio como contratado a dedo donde hacer puntos y méritos para el futuro concurso. A ojos de muchos, el primer peldaño para aspirar al cielo funcionarial, un puesto de trabajo blindado y de mayor comodidad.
¡Qué alguien le diga a tan despistado analista en que país se juega su crédito periodístico!