Regatos

carmen alborés CON CALMA

BARBANZA

Imagen de un regato
Imagen de un regato M.MORALEJO

28 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A dios ríos; adios fontes; adios regatos pequenos... Este famoso poema de Rosalía de Castro provoca en nosotros un sentimiento etológico, todos los niños de mi época evocamos alguna vez aquellos días en que jugábamos en medio de los prados junto a un regato pequeño de aguas transparentes, donde mirábamos asombrados los renacuajos y tratábamos de represar el regato con terrones y piedras.

 En este caso, Rosalía apela a lo más íntimo, a los recuerdos infantiles más profundos, evoca aquella raíz honda y el dolor que le produce despedirse para tomar el camino de la emigración. Yo recuerdo a una emigrante en su regreso de visita a España evocar aquellos regatiños de los prados, probablemente no había leído a Rosalía pero el regato formaba parte de ese inconsciente colectivo que anida en todos nosotros.

Me pregunto si hoy la emigración tiene el mismo sentido, los rápidos transportes, las comunicaciones instantáneas, un cierto desapego del terruño, el ansia de conocer otros mundos, ya no tan desconocidos gracias a los medios de comunicación, todo hace que la emigración ya no duela a casi nadie. Pero aquellos que hace años marchaban, sabían que casi era un viaje sin retorno, sentían un miedo instintivo a lo desconocido, todos llevaban en su alma aquel regatiño de su infancia. Llegaban cartas de los emigrantes pero apenas contaban una pequeñísima parte de las miles de preguntas que los receptores y destinatarios tenían en su mente. Solían contar siempre las bondades del país y lo bien que les iba, nunca contaron sus penurias ni las penas que tenían dentro, y a los que había sonreído la fortuna, si alguna vez volvían, solían hacer alarde ante los suyos de su gran prosperidad.

Muchos niños de hoy viven de espaldas a la naturaleza, en otros mundos que los documentales enseñan, de grandes mamíferos, espectaculares paisajes, pero no pisan el charco de su aldea ni mojan sus manos en los arroyos. Conocen toda la metamorfosis de los anfibios pero nunca tuvieron entre sus dedos una huidiza cucharilla.

Hoy pocas cosas son tangibles para los niños, salvo las pantallas de teléfono, la televisión o la tableta. La realidad es un mundo digital con millones de posibilidades al alcance de la mano, pero ya no está al alcance de muchos el gracioso discurrir de aquel regato que añoró Rosalía.