Proa y popa

José Vicente Domínguez
José Vicente Domínguez LATITUD 42°-34’, 8 N

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Aquí me tienen empezando por el principio, dándole protagonismo a la parte delantera y trasera de los barcos

07 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace unos días publiqué un artículo titulado Estribor y babor. Algunos lectores me pidieron que siguiese con la descripción y origen de los términos náuticos más comunes y aquí me tienen empezando por el principio, dándole protagonismo a la parte delantera y trasera de los barcos, la proa y a la popa, sin olvidar la relación entre náutica y vida que, como decían los clásicos, «navegar es necesario, vivir no lo es», aunque a saber si lo que nos contó Plutarco ya se refería a los actuales vividores.

Pero, al grano. En el diccionario Espasa, la única definición de la palabra proa es la siguiente: «Parte delantera de la nave». Y le antepone una f al considerarla del género femenino. La palabra popa, lógicamente con la f de femenino, la define: «Parte posterior de la nave». Añadiéndole la expresión «de popa a proa», que nos recuerda la tonadilla «que tu eres el mar» de nuestras jóvenes excursiones. Y ahí se acaba la historia para unos términos de suma importancia, sin los que no existirían las naves ni siquiera la civilización.

Por cuanto son palabras conocidas, he querido recurrir a viejos libros, enciclopedias y nuevas Wikipedia para documentarmeen los términos figurativos de tales palabras, para adaptarlas a la forma habitual de expresarnos.

Verán. Uno de los términos que llamaron mi atención (sacado de la Wikipedia), es el de «poner la proa». Definiéndolo como «hacer las diligencias conducentes para lograr algo o contra alguien, como sea». Por ello, no me extraña que los franceses, tan prosaicos y tan suyos, en una de sus acepciones al término proa la definan como nez (nariz); lógico al considerar el apéndice nasal como la parte más adelantada. Pero también nos puede hacer pensar que algo les huele mal a eso de poner la proa. Tampoco a los ingleses les debe oler bien la expresión cuando, como sucedáneo, utilizan para la proa la expresión nose beak, que viene a ser la punta de la nariz. Término que me recuerda a los políticos (ya saben que no puedo evitar mencionarlos y más como están las cosas), al comprobar que, entre las cinco clases de proa existentes (diccionario marítimo), haya «proas finas», cuyo tajamar hiere finamente las aguas; «proas redondas» cuya roma roda arrastra aguas y basura y «proas lanzadas» que, para algunos, son consideradas las más agresivas en sus líneas (añadiría líneas groseras) que, al ser tan lanzadas, corren el riesgo de embestir contra los muelles y partir el alefriz de roda.

¿Y que decir de la popa? Si nos atenemos al sentido figurativo, el término viene del uso antiguo de culo (del latín puppis). También se le dio dicho nombre por el hecho de que, quien gobierna los barcos a remos o a vela, sienta su culo en la parte pegada al timón. Otras de las muchas maneras de definir (hay siete definiciones) a las formas de la popa son: «popa cuadrada o de espejo», que sale fuera del codaste y en la que cabe casi todo el arco parlamentario dispuesto a aplaudir. Y entre esas siete curiosas definiciones está la de «popa de culo de mona» que, por su estrechez, representa bien a quienes sufren de culo inquieto, aunque utilizan sin escrúpulos el llamado «culo de lámpara»; agujero de la obra viva de la popa que resguarda el orificio de salida de los excusados orientados hacia popa.

Si las relaciones entre quienes políticamente nos representan adoptasen las armónicas formas con que se diseñan los buques todo iría viento en popa toda a vela, cortando el mar cual velero bergantín. Pero, en la situación actual de la política, las proas y las popas no parecen ser partes de un mismo barco, como si no supieran que, sin ellas unidas, no existe posibilidad de poner exitosa proa al 2026. Y eso que todos beben de la espuma que se forma a pie de roda, y utilizan el mismo culo de lámpara.