Agua canallesca

Carmen Alborés CON CALMA

BARBANZA

Imagen de gente refrescándose en la playa de Barraña durante la ola de calor.
Imagen de gente refrescándose en la playa de Barraña durante la ola de calor. MARCOS CREO

09 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Un día cualquiera de estos días playeros conviene preguntar a alguien que sale del agua cómo la encontró, yo así lo hice y la respuesta fue: «¡Está canallesca!», queriendo decir con ello que estaba gélida. Yo al final me atreví a meterme, el sol apretaba fuerte, el agua estaba limpia y transparente, poblada de cientos de pequeños pececillos, pero al momento de entrar sentí el latigazo del agua fría en mi cuerpo, aguanté un poco la respiración y nadé unos minutos, al salir el sol aliviaba mucho el frío y era maravillosa aquella sensación.

Los expertos dicen que la causa es el viento del nordés, que provoca los afloramientos de aguas profundas y frías pero excelentes por los nutrientes que aportan al marisco. Es delicioso degustar nuestros mariscos en una terraza o en un restaurante, pero la señora María no aprecia mucho el marisco, de niña iba a veces a buscar a la playa, como último recurso, unos cuantos berberechos o almejas para hacer un arroz, y en su casa decían cuando un guiso salía malo que parecía de marisco. Decía también que en los años de carestía en las puertas de los pobres se veían muchas conchas de marisco.

Dicen los arqueólogos que en los concheros de nuestros castros aparecen ya restos de conchas de marisco y en las excavaciones de la catedral de Santiago apareció una concha de vieira. En muchos cuadros aparecen motivos de conchas marinas, baste pensar en El nacimiento de Venus sobre una concha de vieira pintado por Botticelli, o el mejillón gigante del cuadro de El Bosco, en El Jardín de las Delicias. Yo de niña recuerdo ir de excursión a la isla de A Toxa y ver la pared de la iglesia forrada de conchas y, como todas las niñas, comprar a las vendedoras un precioso collar de conchitas de colores. También de niñas nos entreteníamos después de la playa comiendo caramuxas todas las primas juntas.

A la señora María no le gusta la playa, ella prefiere una buena tertulia con sus amigas bajo la sombra fresca de un árbol bebiendo una rica limonada. No le cabe en la cabeza estar en una playa abarrotada de gente tumbada al sol, todos untados con las cremas bronceadoras, cientos de toallas, sillas, sombrillas, niños con flotadores, ruidosas motos de agua surcando la ría y muchos cachivaches más. Sí le gusta admirar aquellos relajantes cuadros de Sorolla con hermosas estampas de playa, con niños, barcas y señoras vestidas de blanco.