«Existen miles de posibilidades para que un municipio no parezca una pocilga, y no es solo responsabilidad del Concello mantener las calles limpias, sino también del ciudadano de a pie»
02 ago 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Hace casi un año hablaba en esta columna de esa singular tribu de vecinos y visitantes incívicos a los que les encanta sembrar las calles de todo tipo de basura. Pues bien, lejos de mejorar, la situación parece que va a peor. No sé si es porque en verano se sale más y esta tendencia se hace aún más patente, pero en un breve paseo por un municipio como A Pobra cualquiera se puede encontrar desde dos maletas reventadas tiradas en el medio de la carretera que lleva a una de las playas más turísticas del municipio; a un colchón y un mueble destrozados y abandonados desde hace cuatro días a los pies de unos contenedores; o todo tipo de recipientes de comida y bebida esparcidos por las cunetas.
Sinceramente, creo que a nadie le gusta ver las calles, los montes y los paseos llenos de mierda, y que tampoco supone un esfuerzo sobrehumano tirar la basura a los contenedores —que muchos huelen que apestan, pero ese es otro tema aparte—, acercarse al punto limpio o simplemente llamar por teléfono para que vengan a recoger esos enseres que ya no se quieren.
Existen miles de posibilidades para que un municipio no parezca una pocilga, y no es solo responsabilidad del Concello mantener las calles limpias, sino también del ciudadano de a pie, que debe tener la suficiente educación y civismo para saber que no está bien arrojar la basura en donde a uno lo plazca. Y no quería acabar sin tirar de las orejas a todos esos dueños de mascotas a los que les cuesta mucho baixar o lombo para recoger esos regalitos que dejan esparcidos por las calles, a la espera que alguien los pise y se cague (en este caso figuradamente) en todo.