En torno a la novela

Tucho M. Betanzos BUZÓN DEL LECTOR

BARBANZA

Imagen de un ejemplar espectacular de «Don Quijote»
Imagen de un ejemplar espectacular de «Don Quijote»

A cabo de leer la novela de Javier Marías Mañana en la batalla piensa en mí, donde hay dos muertos. ¿Cuántas horas o días el autor estuvo pensando en esos fallecidos, dándole vueltas a todos esos conflictos que conlleva? Sin poder pensar en cosas más alegres y esenciales donde se imponen los fantasmas a la novela. Al final del libro digital hay un epílogo donde parece que adivina mi pensamiento y da una explicación: «Figuras fantasmales que recorren las novelas o de esas reflexiones hechas por una voz que parece no pertenecer del todo al autor ni al narrador». Y lo justifica diciendo: «Al cabo del tiempo tiene más realidad don Quijote que ninguno de sus contemporáneos históricos de la España del siglo XVII». Y va más allá: «Parece cierto que el hombre —quizás aún más la mujer— tiene necesidad de algunas dosis de ficción, esto es, necesita lo imaginario además de lo acaecido y real». También dice: «Por qué escribo, prefiero contestar que para no tener jefe y para no madrugar». Por vergüenza se atreve a decir, también, para ser admirado que, según Pascal, es el mayor de los deseos. Como hijo de un famoso filósofo se supone que leería a Pascal.

El cultísimo de Jung se queda dormido en la página 60 de El Ulises de James Joyce y lo abandona. Años más tarde su editor le pide que lo lea. Después de hacerlo, un libro de 800 páginas, lo único que puede decirle es que es un tomadura de pelo para el lector, ¡cuántos libros son verdaderas tomaduras de pelo! Con El Quijote reímos a carcajada limpia y nos ponemos serios con las reflexiones que nos inspiran como un libro de filosofía, estudiado por grandes intelectuales como Unamuno, donde resalta muchas de sus citas. Sospecho que nadie observó lo que dice don Quijote en el lecho de muerte, hecho ya un carretón, pero aún en su juicio cabal, donde se lamenta de no haber leído los libros piadosos que debiera haber leído, que parece ser la moraleja de esta histórica obra literaria.