Las campañas electorales se están transformando en una subasta de medidas, en declaración de intenciones y en espectáculo de fuegos artificiales. Los ciudadanos asistimos a un intercambio de dedicaciones exclusivas, contrataciones de personal del partido de turno y oportunidades para chanchullos e involución. La corrupción se genera cuando los políticos dejan de ser instrumentos de representación ciudadana para transformarse en su propia razón de ser.
Las elecciones no van de derrotar al alcalde de turno sino de unirse para construir un nuevo proyecto político y llevarlo a cabo; los partidos son adversarios, pero no enemigos, en caso contrario estarían creando un frentismo social que hará imposible convivir. Los partidos políticos se alejan de los ciudadanos y transforman la política en una especie de teatro de lo simbólico y cultural. En esta postdemocracia, los errores políticos son cada vez más un relato mal vendido que el pueblo no entiende, nunca responsabilidad y dimisión. Las elecciones no van de derrotar a los alcaldes de turno, si no de como levantarse en momentos de crisis, comprender las luchas de las gentes y construir un futuro merecedor de su coraje y ambición para sobreponerse.
Las últimas elecciones municipales dejaron un panorama incierto. Por una parte, el pueblo decidió quién será su alcalde con total contundencia en Boiro, no solo votó a favor del alcalde sino en contra del PP por haber laminado a Dieste, caso parecido al castigo recibido por el Bloque en Rianxo. En Porto do Son, Mazaricos o Lousame asumió la responsabilidad de votar a un partido para que gobernase con mayoría absoluta, en otros casos, como Rianxo, Outes o Muros, ha dejado esa responsabilidad a los plenos municipales. Es necesario recordar, porque todo se olvida, que a los alcaldes los eligen los ciudadanos si le dan mayoría absoluta o deciden que sean sus representantes, y los concejales, que deciden por ellos, y en ambos casos la democracia se cumple.
En A Pobra, Ribeira y Noia las candidaturas del PP rozaron la mayoría absoluta indicando claramente quién tenía las preferencias del electorado. Los concejales serán los responsables de tomar las decisiones que los ciudadanos no han querido tomar. La pregunta que nos hacemos es: ¿Qué decisión van a tomar los plenos en estos ayuntamientos? Los ciudadanos tenemos derecho y exigimos luz y taquígrafos, sin trampa ni cartón. Si es que se conforman nuevas mayorías y gobiernos estables en los plenos municipales, están obligados a decirnos en qué consiste el acuerdo. En qué se asienta esta mayoría y alrededor de que se conforma, tanto como indicarnos que han firmado un programa de gobierno y cómo es. Cuando esto no se cumple, todo huele mal en Dinamarca y da la sensación de que se contentan con decirnos que van a apoyar a este o aquel candidato, aunque no vayan a entrar en el gobierno y además le harán la vida imposible. El resultado de este gobierno en minoría es habitualmente la ralentización de las actuaciones a llevar a cabo en ese ayuntamiento así como la paralización del empuje necesario para realizarlas
Duele la cabeza escuchar «vamos a parar a la derecha» o «vamos a parar a la izquierda» ¿Pero eso en qué consiste? ¿En que van a echar a los azules o a los rojos del Concello? ¿En que van a pintar los pasos de peatones de otro color? ¿En que van a hablar en gallego y no en castellano o en sánscrito? Lamentablemente, en la mayoría de los casos acaba siendo la sustitución de dedicaciones exclusivas y la contratación de personal afín, retratado por Castelao en su libro Os dous de sempre.
Exigimos por cultura democrática que si se establecen pactos, se conozcan y se haga público su contenido, en caso contrario los partidos harán fraude de ley, regarán con sus actuaciones a los enemigos del sistema democrático y le darán la razón a quien fue tentado para ir en una lista y respondió: «Non vou, porque todo o que teño ganeino honradamente».