Informes publicados de distintos organismos e institutos de investigación llaman la atención acerca del desplome en la producción marisquera de Galicia. Especialmente alarmante es el caso de la almeja y el berberecho, con una caída cercana al 60 % y peligrosamente próxima a la sobreexplotación y ruptura de la cadena trófica. Semáforo en rojo, avisando de un camino sin retorno.
En esta campaña electoral hablamos de Bildu y la memoria histórica. Para la derecha, un grupo de resentidos en su continua denuncia de la represión franquista, aunque ella continúa en su guerra propagandística de acusar al PSOE de no sé que contubernio con ETA, derrotada y desaparecida hace más de diez años. ¿Pero de verdad los echamos tanto en falta para seguir hablando de asesinos y pistoleros a sueldo en vez de programas de educación, sanidad, vivienda, tráfico, decadencia del pequeño comercio, futuro de la pesca y del Barbanza o ecología urbana?
A lo que vamos. La sequía es un eslabón más que golpea las tierras y pesca del Barbanza. Llegará un momento en que la próxima generación volverá la vista atrás y se asombrará de que supiéramos exactamente lo que estaba sucediendo y aún así no solucionáramos el problema, cuando el consenso científico es absoluto sobre el cambio climático. La lenta decadencia de los recursos hídricos de la comarca, la reducción de capturas de los bancos marisqueros y, sobre todo, su causa, la acción del hombre, es un axioma incontestable. Las rías ya no pueden con todo, si el mar es hembra, en la actualidad está menopáusica y ha dejado de parir.
La causa no solo depende de la contaminación sino que es el propio sistema económico de explotación el que ha acabado por implantar el imperativo del crecimiento constante: once meses de extracción, mil nasas por embarcación, siete días a la semana de pesca, redes caladas a partir de la orilla, desaparición hasta el nivel de la ridiculez de la duración de las vedas.
Esta política pesquera intenta persuadir a los defensores del medio marino que dejen de protestar, cualquier discrepancia con esta visión de explotación intensiva de los recursos marinos es considerada cosa de «señoritos ecofanáticos», una minoría a la que no da cabida ningún partido, desde el Bloque a Vox; todos alineados con que el futuro de la pesca es el aumento de la explotación intensiva.
Así surge el «crecentismo cretinista», crecimiento económico y permisividad política sin el cual el actual sistema de explotación pesquera podría sobrevivir. El desplome de las capturas en la pesca no consiste en reducir la producción, ya que ello extenderá la pobreza, si no en mantener la producción con menos recursos. Vedas más largas, reducción de la carga extractiva y eliminación del trabajo innecesario, sin disminuir el bienestar. Menos es más, aún estamos a tiempo de evitar la catástrofe marisquera en las rías gallegas.
El fracaso es nuestro maestro, es una experiencia que enseña, lo contrario de la actual política pesquera basada en el buenismo. Un dibujante lo contaba con precisión: a la mierda el buenismo, ningún delito sin premio, ningún mérito sin castigo. Lo peor es fracasar con las ideas de otro, lamentar como todos los partidos hacen suyas la visión del exterminio del equilibrio natural en las rías. Muchos tienen miedo, pero es peor tenerlo y además no sirve de nada, decía Helenio Herrera.