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Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

21 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Mi mujer dejó la masa de la rosca creciendo en un bol, al llegar a la cocina y verlo tuve un déjà vu: Bandourrío, 1991, mi abuela Oliva preparaba rosquillas y también dejaba la masa hinchar a su antojo. De niño «vigilaba» aquella masa, que de no estar yo, imaginaba, crecería sin control hasta inundar toda la comarca, como en un pesadillesco cuento de Lovecraft. No hacía nada más, solo miraba la masa crecer, eso era todo, en los noventa un crío no necesitaba más estímulos que ese. A su modo, era apasionante.

Contrasta con estos tiempos de prisa, dopamina e inmediatez. Donde aún crees que debes ver la nueva temporada del nuevo Juego de tronos, el tráiler de la nueva de Marvel —no, la peli, no, el tráiler. Hay que verlo—, nueve tiktoks de Andrew Tate, tienes pendiente también 73 vídeos de canales de YouTube a los que estás suscrito y que sabes que no te aportarán nada más que una especie de un vacío digno del post coito tras su visionado.

Netflix, HBO, Instagram… El mundo audiovisual se esfuerza en cultivar la impaciencia y en potenciar los circuitos neuronales relacionados con la adicción. Mira este vídeo, ahora mira este y, no te duermas aún: «¡mira este!». Recompensas instantáneas y fáciles, la comida basura de las redes sociales que evita que cualquier chaval construya hábitos como la consistencia o el estoicismo.