Falta de todo

Francisco Brea
Fran Brea DESDE LA CANTINA

BARBANZA

Locales hosteleros que bajan la verja o que reducen sus horarios porque dicen que no encuentran personal, y no será por falta de anuncios en bares y restaurantes en los que afirman necesitarlo; no se cubren bajas ni vacaciones en la sanidad porque, aseguran, no hay médicos para contratar; en la construcción señalaban que incluso no podían asumir más carga de trabajo porque no hay profesionales cualificados y, al hilo de esto, escasean electricistas, fontaneros, pintores... Vamos, que falta de todo.

A la vista de la situación, parece claro que algún problema, o varios, hay. El caso es llegar al que lo origina todo. Porque en los tiempos en los que vivimos se oyen muchas cosas. «Lo que pasa es que ahora la gente no quiere trabajar» es, quizás, una de mis frases favoritas. Por supuesto, habrá quien no lo quiera hacer. Es más, ¿cuántos soñamos con que nos toca la lotería para retirarnos? Volviendo a la cuestión, seguro que hay quien prefiere rascarse la barriga y quedarse en casa, pero, llámenme iluso, me da que son minoría.

Otra cosa es que el bum de las carreras universitarias provocase que haya personas formadas por encima de lo que oferta el mercado laboral. Podría ser, y muchos son los casos en los que se acaba trabajando en un campo diferente al que se estudió. También, que ya no siempre valga otra de mis frases favoritas: «Aunque no es mucho, es mejor que estar en casa». Porque se deja de ver como normal algo habitual en este país, eso de trabajar más horas de las que debes por cuatro perras que, además, en no pocas ocasiones te pagan tarde, mal y arrastro. Y es que va a ser cierto que falta de todo, hasta vergüenza.