Olas de verano

Francisco Brea
Fran Brea EN LA CANTINA

BARBANZA

La quinta ola del covid parece ya un mal sueño de verano del que nos cuesta despertar. Encaramos la época estival con ganas de reencuentros y, no vamos a negarlo, de cierto ocio festivo, siempre adaptado a las circunstancias. Teníamos asumido que no acudiríamos a conciertos masivos o festivales, que no celebraríamos como se merece la Festa da Dorna o A Guadalupe, pero lo que no pensábamos es que ni casi podríamos pisar la playa y que cenar en un restaurante o tomar algo en un bar iba a ser para algunos tan difícil.

Nos estamos enfrentando a un verano de restricciones y en el que el cielo está más gris que azul. Si ya los ánimos no estaban muy arriba tras año y medio de pandemia, la lluvia y el ambiente casi otoñal que no nos quiere abandonar ponen la puntilla a que se haga todavía más cuesta arriba el día a día. ¡Qué ni el sol podemos tomar! Hace unos meses, yo me veía sorteando olas en el mar en esta época, no de contagios de un virus implacable, que ya vuelve a estar presente en las residencias y sobre el que ya alertan demasiado que la denominada pauta completa no va a ser suficiente. A estas alturas, cuando algunos vivimos con un pinchazo, ya nos hacen asumir que el segundo, aunque está cerca, no será el definitivo.

Porque aún no pasamos la quinta ola y se escuchan avisos de una sexta. Porque se habla de relajar medidas a partir de la tercera semana de agosto si los contagios descienden y hay expertos que lo ven precipitado. Si seguimos a este ritmo habrá pasado el tan ansiado verano y ni nos habremos enterado. Un servidor ya va poniendo la vista en septiembre, a ver si viene con buen tiempo y menos oleaje.