Parecía que este verano iba a ser el punto de inflexión en la pandemia, el momento en el que dejaríamos hablar tanto del aumento de los contagios para empezar a hacer planes. No al nivel de antes de la irrupción del covid, pero, por lo menos, a pensar en un pequeño viaje, una comida con amigos, reunirnos toda la familia... Pero empezamos julio con la amenaza de volver a subir en el nivel de restricciones en varios municipios de Barbanza. En esta ocasión, los casos se dan principalmente entre gente joven y eso no está repercutiendo en un incremento de la presión hospitalaria. La vacuna está claro que funciona y los que aún no estamos inmunizados estamos esperando por ella como agua de mayo.
Mientras las ansiadas dosis no llegan, no queda otra que ser responsable y vivir sabiendo que el virus no ha desaparecido. Es julio, el sol ya luce y es lógico querer salir, tomar algo con los amigos y recuperar esas noches de verano que tantos buenos momentos tienen dejado. Pero, por ahora, eso hay que hacerlo con cautela. De nada sirve estar 15 días de fiesta como si no existiera la pandemia para después vernos abocados a semanas de restricciones, con la hostelería como el sector más perjudicado.
Llama la atención, además, que algunas personas que se infectan ahora no quieren dar nombres de contactos estrechos para no fastidiar a sus amigos con cuarentenas, pero ese es el gran error que imposibilita parar esta tendencia creciente de positivos. Cada día sube el número de nuevos contagios, y no parece que esté cerca todavía tocar techo. Por suerte, se está demostrando que, aunque haya quien sea reticente, la vacuna sí funciona.