Costó que la cultura lograra hacerse un hueco en las agendas de los concellos barbanzanos. Lentamente, este sector fue ganando peso y los ciclos de teatro, las presentaciones literarias y las exposiciones se convirtieron en citas habituales a lo largo y ancho de Barbanza. Si bien es cierto que algunas asociaciones tuvieron mucho que ver en este ascenso que fue experimentando la cultura en la comarca, como es el caso de Barbantia, también lo es que los ayuntamientos fueron ampliando las partidas presupuestarias destinadas a este tipo de actividades. Pero llegó el confinamiento y con él, un apagón cultural justificado.
Desde entonces, pese a que se recuperó la normalidad, por lo menos a medias, el calendario cultural no volvió a ser el de antes. Sufrió un tijeretazo importante en buena parte de los concellos de Barbanza, un recorte sin explicación convincente alguna, que derivó en un nuevo apagón cuando la situación de la comarca empeoró y las medidas de seguridad se vieron incrementadas. Las actividades culturales fueron de las primeras en caer de las agendas municipales, pese a que ni siquiera en el nivel máximo de restricciones se prohíbe su realización.
Y mientras, aunque a medio gas debido a los límites de aforo, teatros y auditorios de las grandes ciudades mantienen sus carteles pese al coronavirus, pues el de la cultura es un sector económico del que dependen un buen número de personas. ¿Está entonces justificado el apagón por el que se han decantado la mayoría de los concellos barbanzanos? Quienes debieran no han dado de momento una respuesta convincente.