«Quen é teu pai?»


Un punzante dolor en el bajo vientre te arrancó de la cama y te empujó hacia la ventana. Era medianoche. Una enorme luna llena pendía sobre la arboleda del parque. Recuerdas que durante la tarde anterior habías visitado el bosquecillo de mimosas por encima de las huertas de la aldea. Lo encontraste partido en dos, como si se peinase con una raya al medio, por obra y gracia de gentes bien consideradas, de esas que se dice tienen sentido común. Y entonces se te encendió una lucecita en la cabeza que te dijo: «Sí, ese sentido tan elogiado y que tantas veces se soliviantó y también se levantó contra los inventos, los descubrimientos, las obras de arte, la música y cosas similares». Así es.

En aquel escenario, te tropezaste con la cueva donde cuando niños levantabais la cabaña, la cabaña desde la cual habías visto por vez primera al búho cornudo lanzarse en picado hacia algo que se movía entre las hojas y la hierba del huerto de Bento, tal vez el más corajudo de toda la cuadrilla, tanto resistiendo la oscuridad entre la espesura arbolada del bosque como a la hora de pillar luciérnagas entre las silveiras envueltas en las sombras de la corredoira.

Ya por la mañana, delante de la misma ventana contemplando la calle, empezaste a hablar solo: «Los días son ahora mucho más cortos. Las hojas no cesan de caer de los árboles. El suelo del parque parece la paleta de colores de Pollock. Y las ramas desnudas evocan las majas de Goya». Recuerdas que tu mujer lleva ya dos horas fuera de casa. Su lembranza te conduce hasta una breve canción de Nick Cave que reza así: «Los besos de Kathy se caen /De su boca al suelo, crían polvo /Los barro bajo la puerta».

Por la tarde decidiste desplazarte hasta el valle, donde recorriste pistas, caminos y senderos entre Ordenario, Loxo de Abaixo y de Arriba, Agra de Comoxo y Bermo. Soplaba una brisa fresca y triste. Y entonces comentaste: «Ha llegado la lluvia». Respiraste su aroma y después te sentaste sobre el tocón de un árbol que había cerca de un pedregal. Y, de pronto, experimentaste la sensación de que de entre las piedras y rocas, en medio del silencio pardo reinante, salían voces maldiciendo las acacias del entorno. Y también notaste que desde el mismo lugar te miraban unos ojos que alumbraban como rayos de tormenta atravesando las sombras que cubrían los pinares de la ladera del monte.

Completaste la pequeña odisea de este día con una conversación nocturna con tu mujer antes de iros a la cama. Recordasteis las últimas horas de septiembre vividas en Portugal mientras que los rumores de la noche os hablaban de octubre, de que el mes diez abre la estación de los temporales. Con él ha venido la lluvia del porvenir, como dice la canción de Radio Futura, la lluvia de tu porvenir... Y, de súbito, evocaste una escena de tu infancia. Ibas solo por el camino del monte para la escuela. Encontraste a un hombre y este te preguntó: «De onde es?». «Son da Cova da Silva», respondiste. Y él inquirió: «Quen é teu pai?». «Vostede non o coñece», le dijiste. Y él insistió: «Como non o vou saber, se eu coñezo a medio mundo, carallo!». «Ve, xa llo dixen! Non o coñece, pois meu pai pertence ao outro medio». Y el hombre volvió a preguntar: «E logo como se chama túa nai?». «Tampouco a coñece, porque naceu no monte e chamanlle a Camposiña!».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Tags
Comentarios

«Quen é teu pai?»