«Rumore, rumore»


La verdad es una moneda que cada vez tiene menos valor, sobre todo en una sociedad donde las redes sociales se dedican a difundir todo tipo de dimes y diretes sin ninguna base que los sostenga. La gente ha convertido los cotilleos en el pan nuestro de cada día, y la información vuela cada segundo de un móvil a otro sin ningún tipo de filtro que los frene para que esa bola no siga haciéndose más grande.

Decían en la Facultade de Periodismo que un rumor no es una noticia, una regla que muchos se pasan por el forro sin pensar en el daño que pueden estar causando. Viene esto a cuento porque desde que comenzó la crisis sanitaria no han parado de aparecer todo tipo de noticias de dudosa fiabilidad sobre cómo se producen los contagios en esta comarca, cuánta gente está infectada o la que ha muerto a causa del virus. Aunque, lamentablemente, han sido muchos los que se han despedido antes de tiempo, hubo numerosos rumores que incluso se cargaban a algunos barbanzanos más, con la consiguiente sorpresa de los susodichos en cuestión cuando se enteraron de que los daban por fiambres.

Está claro que nadie busca que el virus se cuele en su cuerpo; y, si tiene la mala suerte de contagiarse, lo que menos necesita es que se vayan contando falsas noticias que lo único que hacen es perjudicarle. Ya tiene bastante con plantarle cara al bicho, y no debería preocuparse por si la gente lo tomará por un apestado cuando logre superar la enfermedad.

Por eso, siempre es mejor que los rumore, rumore que coreaba Raffaella Carrà se queden solo en su canción.

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