Nueva normalidad


A mí no me gusta la expresión. Me recuerda a 1984, la gran novela de George Orwell. Nueva normalidad, se parece demasiado al término neolengua, utilizado por la denominada policía del pensamiento en aquel libro que escribió Orwell. Mi total desacuerdo gira en torno a la idea totalitarista de que no hay nada en el mundo que no deba ser sacrificado; como dice el gran hermano de la novela. Algo hay que debe perdurar y habrá que hacer cuanto esfuerzo sea necesario para conseguirlo y volver a la normalidad.

A Rafa Nadal tampoco le gusta la expresión. Pero la diferencia entre lo que dice el tenista en la entrevista periodística que se convirtió en trending topic y yo, está en el desinterés político del que el gran deportista hace gala. Cualquiera puede decir «yo no soy político» o «a mí no me importa la política»; pero quien tal diga, sencillamente miente o no se da cuenta de que, con esas aseveraciones, ya está actuando como un político. El hombre es un animal político desde el momento en el que nace. Y se diferencia de los animales, porque vive en sociedades organizadas políticamente. Ahí tenemos al gran Aristóteles enseñándonos el camino una vez más.

A Rafa Nadal lo admiro como deportista, como atleta y como buena persona que parece ser. Pero opinando de pandemias y la forma de combatirlas, francamente prefiero a Fernando Simón. De la misma manera que no dudo en quedarme con Rafa en lo que a jugar al tenis se refiere, pero no diciendo cosas como: «Prefiero que dirijan la crisis un grupo de personas que no tuviera ningún tinte político». ¿De verdad? ¿Creerá Rafa Nadal que ese grupo de personas se preocuparía de cuestiones como los ERTE, el salario mínimo vital o la defensa de los más desfavorecidos? No. Ese grupo de personas sin tinte político, más bien intentaría que la economía primase sobre los cuidados sanitarios y la vida de las personas. Ejemplos tenemos en el mundo en donde los gobiernos están protegiendo los intereses económicos por encima de la salud y así les va a los menos afortunados.

Pero, insisto. Al igual que Rafa Nadal, tampoco yo quiero una nueva normalidad. Me espanta la idea. Es como si todo lo vivido hasta ahora, de repente no hubiese servido para nada. Sin embargo, no puedo compartir con mi admirado Rafa que la situación haya que dejarla en manos de ese grupo de personas que carezcan de tinte político. ¡Ay, cuántos errores se cometen en la vida, en las entrevistas a los medios de comunicación y en las opiniones espontáneas, cuando uno se aparta del terreno que realmente domina! Y Rafa Nadal, lo que realmente domina es el tenis. Ahí es el mejor. Su opinión acerca de la pandemia y la manera en que debe ser afrontada políticamente, es francamente mejorable.

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