Desescalada

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

Este término, que no habíamos utilizado en nuestra vida, en pocos días se ha hecho tan habitual que solo falta ponerle un plato en la mesa. A mí me vale para hacer la pregunta de cómo pasaremos de la actual situación a la «nueva normalidad», es decir, ¿cómo será la desescalada?

Mi teoría es que este o cualquier otro Gobierno, una vez que se ha visto obligado a tomar unas medidas excepcionales, será muy conservador a la hora de retirarlas. Por dos razones: la primera es que el coste de las medidas ya está amortizado y el de un paso en falso, no. La segunda es que para los políticos el protagonismo es su droga y el estado de alarma los coloca en el vértice de la actualidad. Pero esta opción tiene un problema: la economía, madre de todas las venturas y desventuras.

Es cuestión de sumar y restar. España está gastando mucho más de lo previsto e ingresa mucho menos. Esto solo se puede soportar con mayor endeudamiento -que ya era muy elevado- y por buenas condiciones que este tenga, lo habrá que devolver. A esto añádanle un dato más, si es cierto el irresponsable vaticinio de la ministra Yolanda Díaz, el turismo -¡15% del PIB!- estará parado hasta diciembre. Y España no tiene un sector industrial potente que tire de la economía. La conclusión es sencilla. O nos encomendamos a un fármaco o una vacuna rápida -nada probable- o hacemos la desescalada, con todas las medidas preventivas que podamos, lo antes posible. Test fiables y masivos, disciplina, objetividad y abrir toda la actividad comercial lo antes que se pueda, incluida la hostelería. Es vital a nivel interno y para no aumentar la brecha con otros países.