Aparca tus sueños


Cuando uno empieza a empuñar un lápiz suele soñar con convertirse en un clásico de la literatura, y no en un escritor. Hay un riesgo intrínseco al empeñarse en ser un clásico de la literatura: el no llegar siquiera a ser escritor. Olvida el mito, no busques amores imposibles, ni aventuras en París. Únicamente adáptate al escaso glamour del paso de horas y horas consagrado a una silla incómoda, e implora suerte. Eso solo para ser escritor. Para ser un clásico… ojalá lo supiera.

Parte de culpa de estas ensoñaciones la tiene Charles Bukowski. El viejo Buk escribía sobre sí mismo: un tipo indeseable, mujeriego, alcohólico y pendenciero que despreciaba al resto por no estar tan puteados como él. Eso sí, te contaba que desde una alcoba de mala muerte, con un par de botellas de whisky al día, una máquina de escribir y mucha hambre, el universo vendría a darte las gracias por tus poemas.

Y, claro, suena tan bien que uno se cree sus promesas homeopáticas. Funcionó para él. Pero ¿a cuántos el sueño del escritor les está matando la escritura? El tiempo vuela mientras el mundo no te aplaude. Yo me pasé años con el corazón reptando entre cenizas, como una serpiente, pensando que nunca sería bueno, que no sería suficiente.

Desprecié todo lo que tenía al concentrarme en lo que me faltaba. Por eso, en la literatura o en cualquier terreno, baja las expectativas y sigue creando. Estate preparado para tu sueño, no obsesionado. Probablemente nunca se cumpla, pero no lo pierdas. Apárcalo, cíñelo a tu cintura, que repose mortífero y afilado como una espada dentro de su vaina.

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