Dirigentes y militantes


Recuerdo las primeras elecciones generales en las que debuté como apoderado. Deambulaba por el desaparecido Martín Gómez procurando desentrañar entre las caras de la gente quien podía votar a los malos, a los menos malos o a los buenos que, por descontado, eran los míos.

En este caminar errante me vi atrapado entre el alcalde del momento, el señor Alonso, y un apoderado del PSOE. Ambos discutían acalorada, pero amistosamente, sobre las virtudes y pecados de ambos partidos. Y fue entonces cuando, ante mi sorpresa, el alcalde decidió incluirme en el debate y sin sedación me espetó: «¿Qué opinión te merece el PSOE?»

Recuerdo que fui rápido y diplomático en la respuesta: «De los peores dirigentes, de los mejores militantes». El señor Alonso le dijo al apoderado socialista: «Sabía yo que la gente joven que está en política viene preparada», y acto seguido continuaron la porfía, satisfechos ambos ante la afortunada respuesta.

Les confieso que tantos años después no puedo estar seguro de poder repetir ahora esta sentencia. Hace poco volví a comprobar que en el PSOE todavía quedaba conciencia obrera cuando la militancia le dio la victoria a Sánchez frente a las hordas del Ibex. Me emocioné viéndolos cantar la Internacional puño en alto y pensé: pues oye, igual ahora entre todos se puede cambiar algo. Nunca se quiere dejar de soñar.

Ahora, tras la vil mascarada de las negociaciones, solo puedo esperar que el socialista en el que yo confiaba vea que se le han vuelto a jugar una vez más. No basta con cambiar unos huesos de sitio. También hay que cambiar este sistema.

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