La física respalda a los melancólicos. La velocidad de la luz es limitada y el tiempo que tarda en recorrer el espacio que hay entre sus ojos y esta columna es poco, pero es. Usted está siempre viendo el pasado. La luz se mueve a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, si está leyendo este artículo a 20 centímetros de su cara, mis palabras tardan en llegar a sus pupilas poco más de la mitad de una millonésima de segundo. Es tan poquito que parece inmediato. En este mundo todo parece presente, aunque dicen los expertos que el tamaño importa: para tener perspectiva -a veces- conviene alejarse.
Si la vista del ser humano no tuviese límites y alguien nos mirase desde la incomparable alameda de A Pobra, estando nosotros tomando un juarisnai en el bar Plaza, nos verían con poco más de tres millonésimas de segundo de retraso. Si nos miraran desde la Luna, nos verían con un segundo de retraso. Si nos miraran desde Júpiter verían lo que nos estuvo pasando hace 38 minutos, que es el tiempo que tardaría en llegar la luz desde la Tierra hasta el planeta magnético.
Un año-luz es la distancia que recorre la luz en un año (9.460.730.472.581 kilómetros). La estrella más cercana después del Sol es Próxima Centauri. Si nos miraran desde allí estarían viendo lo que nos sucedió hace 4 años. Y si nos miraran desde un poquito más cerca de la estrella Kau Borealis, a 77 años-luz, estarían viendo a mi abuelo Emilio Sanmamed y a su amigo Manolo Cores, entre otros, fundando la Festa da Dorna. Es la distancia contra el olvido. Viva a Festa da Dorna!