Música


Como supongo que la pasa a mucha gente, es escuchar el sonido de una gaita o de una pandereta y comenzar a seguir el ritmo con los pies, y poco falta para que me arranque a bailar. La música suele ser sinónimo de alegría y, en la mayoría de las ocasiones, también de fiesta. Y eso fue precisamente lo que se vivió en A Pobra este sábado con una nueva edición del Pasabares.

Más de veinte agrupaciones tomaron las calles y establecimientos hosteleros del municipio en una celebración que consiguió abarrotar el pueblo como no se recordaba en mucho tiempo, y menos a finales de un mes de marzo. De hecho, más bien parecía que habían llegado las fiestas de verano y, como ocurre en la época estival, muchos tuvieron que pasar más de media hora intentando buscar un sitio para poder aparcar el coche.

Hay que reconocer que el buen tiempo fue un ingrediente fundamental para el éxito de esta iniciativa, ya que las agradables temperaturas hicieron que numerosos vecinos se lanzasen a las terrazas para disfrutar del estreno de esta primavera tan soleada y se encontrasen de bruces con un concierto al aire libre en el que se sucedían los pasacalles y los corrillos improvisados, y que tuvo como colofón final una actuación conjunta en la carpa de A Covecha.

Músicos procedentes de toda la comarca, de todas las edades y condiciones, fueron los culpables de que esta edición del Pasabares se convirtiera en un auténtico éxito, algo que seguro ayudará a prender la llama para seguir mejorando y que más gente se sume a esta fiesta de la música, que ha servido para despedazarse de golpe del largo invierno.

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