Nunca pensé que a Pedro Sánchez, nuestro presidente, le considerasen tan importante, al punto de necesitar más de diez insultos para descalificarlo. A la mayoría de las personas se las suele insultar con un par o dos de epítetos, más o menos afortunados, a saber: Sinvergüenza, desgraciado, mal nacido, cabrón…
Pero cuando para descalificar a una persona se necesita tal acumulación de adjetivos descalificativos… ¡Uhmm!, me suena a que, o bien se trata de un contrincante bien duro de roer, o tal vez no se afina lo suficiente y se deja hablar a la lengua sin permiso del cerebro. Veamos sino algunos de esos pretendidos insultos:
Desleal. Vean que joya de definición (amén de otras) nos deja la Real Academia Española: «Desleal con su amada». Podría referirse a su amada España. Pero si es amada, es que la ama ¡je!
Traidor. Si se usa como adjetivo, nos encontramos con una bella acepción: «Que tiene sonrisa traidora». Sin comentarios. Los políticos todos tienen la misma sonrisa.
Ilegítimo/Okupa. Claro, claro, solo le apoyaron 180 de 350 diputados (porque hubo una abstención).
Chantajeado / Rehén. ¡Pobre Pedro! La pregunta es: ¿Tuvo que pagar rescate para que lo dejasen salir de la Moncloa?... «Uhmm a saber lo que trama este felón», decía un tal Casado mientras contaba los minutos empleados en su doctorado.
Mentiroso compulsivo /Ególatra/ Irresponsable. ¡Uyyyuuyyuyy! A un mitómano no se le insulta; se medica. Se trata de dolencias psíquicas graves. Por menos de eso internaron a doña Juana la Loca y por lo visto no estaba loca.
Incapaz. ¡ajá! Si buscamos el sinónimo de tal palabra, nos podemos encontrar con alguno tal como, pequeño o insuficiente… Y en cierto contexto, «se me pone incapaz»… ¡Cuidadiiitoo! Que los epítetos se los carga el diablo. Si Pedro es incapaz (al margen del cuerpazo que tiene), ¿qué podríamos decir de los que no fueron capaces de que él sí fuese capaz? ¿eh? Ahí lo dejo.
Pero por lo que no quiere pasar Pedro Sánchez, es que le llamen felón. «¡Felón no! ¡Eso sí que no!» -Me dijo todo enfadado- «Así es como le llamaba el capitán Trueno a los traidores de Castilla y a los malos que no querían obedecer a los señores feudales. Y yo a los únicos que no obedecí fue a unos barones… a Guerra, a Felipe, a…» -y reiteró- «Pon bien claro que por felón sí que no paso». Y, de seguido, me preguntó si conocía algún relator o aunque fuera intermediario… como no se habla con Casado, quería hacerle llegar que cuando gritan e insultan, los líderes se empequeñecen.