Chacha para todo


El alcalde de Vilanova, señor Durán, «alporizou o galiñeiro» de lo políticamente correcto al denominar a la presidenta de la Diputación de Pontevedra «chacha para todo». La respuesta ha sido contundente: presentar mociones de rechazo en todos los ayuntamientos de la provincia, al considerar tal expresión vejatoria para las mujeres que desempeñan cargos públicos.

No se entiende el motivo que impulsa al PSOE a tal despliegue de actuaciones políticas. Por más que mucha gente considere tal vocablo un insulto a las mujeres, ¿si la denominara camarera para todo o ingeniera para todo también sería ofensivo? Acusar a un político de criado del pueblo o de chacha para todo no es más que un reconocimiento de su cargo. Un político, una política, dedicado a la política local es un hombre o mujer expuesto a ser chacha para todo. Ellos de manera libre y voluntaria han decidido ser «servidores públicos», ponerse al servicio de los ciudadanos para tratar de hacerles la vida más llevadera.

Ser una chacha que atiende a las necesidades de las aldeas, de las asociaciones de vecinos, de los concellos, de los necesitados de ayuda no es un insulto sino un reconocimiento a su labor de asistencia social y humanitaria. ¿Acaso un representante institucional solo tiene como tarea sentarse en el sillón de plenos o bajar del coche oficial para recibir aplausos? Cuando los políticos pierden la perspectiva tienden a emborronar el cuadro de sus responsabilidades.

Tiene razón Alfonso Guerra cuando afirma que este PSOE no es el nuevo PSOE, sino otro PSOE, más pendiente de atender las necedades que circulan a través del tranvía esclavista de las «redes tontiales» que de presentar y llevar a cabo un proyecto político consistente. Bien es cierto que el PP de Casado no le va a la zaga desde el cambio de régimen en la derecha, sus propuestas políticas son exclusivamente lingüísticas. Al gobierno lo han tildado de golpista asesino, ladrón, corrupto, culpable del lío venezolano, vendepatrias, saltadores de caminos de la legitimidad. El broche de oro corresponde a Ciudadanos al explicar su pacto en Andalucía: «Nosotros no pactamos con un partido de ultraderecha -en referencia a VOX- sino con sus votantes». En esa línea argumental, el PSOE no pacta con los independentistas catalanes o los filoetarras vascos, sino con sus votantes! ¡Acojonante!

Da la sensación de que los partidos políticos, a falta de ideas, buenas son tortas. Su incapacidad para hacer frente a los problemas se está convirtiendo en el principal problema del país. Solo falta resucitar a Franco y su eslogan favorito: «Hagan como yo, no se metan en política».

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