Una nota en la nevera


Cariño, sabía que pasarías por delante de la nevera a coger una cerveza porque hoy decías que en el partido del Madrid jugaría ese Vicious o Venancius o como se llame. La cosa es que me he ido, no estaré cuando leas esto con tus ojitos de libélula, pero te dejo una lista de la compra para que traigas del Gadis: patatas, cocacola, cien gramos de queso Larsa, papel higiénico, salmón ahumado del de tres euros, cerveza (sí, no queda, señorito)...

Trae también, si te acuerdas, bombillas para el baño pequeño donde descomes a oscuras, lotería de Navidad, un plan como el de Walter White en Breaking Bad, un abrazo que no termine, los caminos del ayer, tus camisetas de Superman, ganas de bailar, explosivos para derribar el puente que sueles cruzar para pasar de ser un hombre frío a un hombre triste, aquella luz tuya que ahora es mi sombra.

Por último, baja la basura y, si puedes, tírate al contenedor verde, el de residuos orgánicos, a ver si así vuelves reciclado en algo mejor. Quizás tampoco haga falta tanto, pero deja en la basura las noches en las que no es invierno y tú estás helado y sientes que las paredes te aplastan, llenas de odio, para recordarte todas las cosas que quisiste ser y aún no has sido ni serás. Deja allí la pena sorda que cargas, los violines de la locura, las veces que sueñas en que te marchas en un tren sin destino o que te tiras a las vías, las benzodiacepinas, el suspiro, la mirada perdida y el vértigo de la rutina. Si me quieres vuelve siendo el tú que quise para poder quererte, para que tú y yo podamos quererte de nuevo. Charito.

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