Gus


Desde que comenzó este espacio, uno de sus propósitos -de tantos- es hacer un humilde ejercicio de justicia con gente a la que inexplicablemente no se le reconocen lo suficiente sus méritos en su propia casa. Hoy retomaré ese camino hablándoles de un boirense excepcional llamado Gustavo Muñiz.

Gus, para los amigos, comenzó sus pasos en el baile tradicional boirense, pero enseguida su talento natural para la danza eclipsó todo lo demás. Cuando pudo, y no sin dificultades, se apuntó en el conservatorio coruñés. En poco tiempo su enorme progresión le llevó a conseguir la beca más alta posible para la afamada escuela de Carmen Roche. Tras la formación de alto nivel y ya con un bagaje artístico importante, Gus entró en el Ballet Clásico de Madrid y a partir de ahí su trayectoria fue imparable. Pasó por el Neo Clásico de Catalunya y alcanzó el cénit de su carrera en el afamado Ballet de Zaragoza en donde sintió que había colmado sus metas profesionales.

Cuando mejor iba la cosa, una terrible lesión de espalda estuvo a punto de retirarlo, pero todavía el destino le tenía preparada una última parada para danzar durante años en el Ballet de la Comunidad Valenciana en donde finalmente colgó las zapatillas como primer bailarín y se pasó a la docencia especializándose en gimnasia rítmica.

Durante su dilatada carrera llegó a bailar piezas tan emblemáticas como Romeo y Julieta, Carmen o Entre dos aguas, en multitud de escenarios de todo el mundo donde pudo conocer y charlar con leyendas como la diva del ballet cubano Alicia Alonso. 

Una carrera brillante y talentosa. Mis respetos, Gus.

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