Clases para sentirse como en casa

La asamblea de la Cruz Roja de Noia enseña español para facilitar la integración de los inmigrantes. Ellos solo piensan en compartir su nueva vida con sus familias

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Noia / La Voz

Para la mayoría, el aprendizaje de un nuevo idioma es una cuestión de inquietud intelectual, de interés por saber, un entretenimiento, una forma de mejorar laboralmente o simplemente un medio para hacerse entender a la hora de emprender rumbo a unas vacaciones en un país extranjero. Sin embargo, hay personas para las que estudiar una nueva lengua es parte del camino a una vida mejor porque les abre las puertas de la integración en un nuevo país. La Cruz Roja de Noia ofrece esa posibilidad a los inmigrantes que llegan a la comarca con un programa que busca mucho más que enseñarles español. Son clases para que se sientan como en casa.

Aunque eso sea mucho decir, lo cierto es que en el local de la Cruz Roja de Noia enseñan mucho más que verbos y vocabularios, como cuentan Chelo, Jon y Laura, los tres voluntarios que se encargan del programa: «Trabajamos sobre todo conversación e integración, las costumbres sociales, cómo funciona la educación, la sanidad, los medios de transporte...». Además de las clases dos días a la semana, también dedican una tarde a charlar alrededor de un café para practicar.

Las conversaciones derivan en los asuntos más insospechados, y los voluntarios que ejercen de maestros acaban convirtiéndose también en alguien a quien confiar sus problemas: «Al final haces amistad con ellos». Una de las usuarias lo corrobora: «Son cariñosos y nos ayudan siempre, son buena gente».

Cuentan en la Cruz Roja que hay muchas idas y venidas en el colectivo de inmigrantes, que se mueven de un sitio a otro en busca de trabajo: «Estas clases también son una forma de socializar, sobre todo cuando vienen personas de distintos países».

Alumnado internacional

Un mapamundi pegado en la pared en el que cada uno de los usuarios que han pasado por las clases ha colocado una banderita con su nombre sobre su país de origen da una idea de lo internacional del alumnado. Marruecos, Senegal, Rumanía, Pakistán, Angola o la India son algunos de los territorios representados en la Cruz Roja noiesa.

La mayoría de los que asisten a clase son senegaleses, y precisamente cuatro de ellos se afanan en completar los ejercicios que tienen delante. Hoy trabajan sobre las preposiciones. Amy es una alumna aventajada: «Antes no sabía nada de español, ahora escribo bien y hablo más o menos». Solo lleva en España año y medio. Es la que más se suelta a la hora de contar qué le parecen las clases, y cuela en la conversación alguna palabra en gallego: «Falo un pouquiño, me gusta mucho».

Amy tiene una sonrisa enorme, que mantiene cuando habla de su hija: «Vine porque mi marido está aquí, trabaja al mar, y pronto vendrá mi hija». Su niña, Hari, tiene 10 años, los mismos que lleva su marido aquí, y ella solo piensa en el día en que puedan reunirse los tres. Mientras tanto, se emplea a fondo en las clases: «Necesito trabajo y es más fácil encontrarlo con el idioma».

El propósito es trabajar

Aliou Sarr también es senegalés y llegó a la comarca hace diez meses detrás de los pasos de su hermano, que también trabaja en el mar. Igual que Constantin. Él también lleva diez meses en Barbanza y también tiene familia en la comarca: «Mi hermano está aquí y mi cuñada también, ellos se casaron aquí». Tiene más hermanos en Senegal, de hecho, allí trabajaba los fines de semana con uno de ellos como camarero, y durante la semana en una tienda. «De momento aquí no tengo empleo, pero me gustaría ocuparme en lo mismo». Confía en que las clases de español le ayuden: «No es difícil y creo que sí me puede servir».

El benjamín del grupo es Alpha, solo tiene 18 años. Él vive en Muros y «vengo todas las semanas a clase». Dice que le gusta y que el español le resulta «un poco fácil». Hace siete meses que llegó a la comarca para reunirse con sus progenitores, que emigraron a España cuando Alpha era un niño: «Fue muy duro estar sin mis padres más de 12 años». El objetivo ahora es que sus dos hermanos, de 12 y 15 años, puedan seguir el mismo camino. Mientras tanto, él tiene claras sus prioridades: «Estudiar es lo primero, y luego trabajar».

Aunque está lejos de las cifras de las grandes ciudades, la colonia de extranjeros residentes en los 11 municipios del área barbanzana se ha incrementado en la última década y, según los datos del 2017, se eleva a 2.170 personas.

Son cerca de medio millar de inmigrantes más de los que se computaban diez años antes. La procedencia más común en la comarca es el continente sudamericano, un colectivo que se integra con más facilidad por la ventaja del idioma. Llegadas de otros estados de la Unión Europea están registradas 547 personas en Barbanza, mientras que de África proceden 472. De estos, los países de origen más habituales son Marruecos y Senegal. En este último caso están registrados en la zona 103 ciudadanos, y la colonia más numerosa se encuentra, precisamente, en Noia. De ahí que por parte de la asamblea local de la Cruz Roja se haya tomado la iniciativa de impulsar programas para favorecer su integración, como las clases de español, que no se ofertan en los demás municipios.

Por concellos

En cuanto a los datos desglosados por ayuntamientos, los términos que cuentan entre sus vecinos con mayor número de extranjeros son los más poblados: Ribeira, con 984, Boiro (380) y Noia (284). Por parte, en Mazaricos es donde hay menos, 16.

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