Wendy, no cosas más la sombra de Peter


Ribeira / La Voz

Nueva fe de erratas. Ya me conocen, temo más al peso de la hemeroteca que al de una falta de ortografía por muy cara que haya resultado fabricarla en níveo cemento. Y con esta introducción me despacho de la actualidad ribeirense y de una pésima cortina de humo. Por cierto, señor Ruiz, a mí sí que me gusta cómo está quedando la obra del Malecón. Y bastante rápido, por cierto. Por favor, pasemos a temas importantes.

En una crónica anterior, en la que proponía levantar la veda de caza solo para animales como los de «la manada», declaré que aguardaba pacientemente la sentencia de dicho juicio. No es este el punto del que quiero retractarme, porque vaya si aguardamos ansiosos por esa bofetada a la sociedad. Quiero retirar lo manifestado sobre que no me atrevo a cuestionar la labor judicial, porque a día de hoy estaría mintiendo. Es cierto que los diputados deben dotar de más recursos y mecanismos legales al Estado de Derecho, pero es que hay representantes de este que ponen todo su empeño en demostrar que no están dispuestos a avanzar al mismo ritmo que el progreso social. Y no me refiero solo a un tribunal autonómico, hablo de jueces que juzgan con carnés de partidos políticos en la cartera y de extrañas coincidencias de apellidos en el extinto Tribunal de Orden Público y en la actual Audiencia Nacional.

No voy a gastar más líneas en comentar un veredicto que todos conocemos y un extenso sumario cuyos grandes momentos no evitarían el vómito ni aunque me enterrasen en biodraminas. Voy a contarles lo que narró una joven de la comarca, una trabajadora que, mientras unos cuantos debatíamos hasta que punto es perjudicial cuestionar decisiones judiciales, irrumpió en la conversación para preguntarnos si sabemos lo que es volver a casa con miedo, desde pequeña, mirando atrás de reojo y temiendo al más mínimo movimiento de una sombra. Sin embargo, también nos recordó lo que supone estar en un bar, esquivando a un lado y a otro de la barra los «pero que guapa estás» y los «¿a qué hora sales?». Mas, ¿saben cuál es la realidad? Ni nosotros, ni el juez del voto particular podemos recordar algo que nunca nos ha sucedido.

Sin ninguna duda, este país está cambiando y no podemos perder una oportunidad histórica porque muchos aún sigan con el síndrome de Peter Pan. Entérense, Wendy no va a volver a coser esa sombra.

Por Antón Parada CIUDADANA

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