Por todo hay que pagar un precio


Nunca llueve a gusto de todos. Es bien cierto que es imposible tener contento a todo el mundo, y también lo es que parece que la opinión de los descontentos tiene más repercusión a pesar de que, muchas veces, son una minoría. La celebración de pruebas deportivas en una localidad atrae a mucha gente, da vida a un pueblo y ofrece una alternativa de ocio a unos vecinos acostumbrados a que en las calles no pase nada. Una carrera popular, por ejemplo, suele provocar que los viandantes aplaudan y jaleen a los deportistas para darles ánimos, pero a su vez conlleva que haya vías cortadas al tráfico.

Cuando se toca este punto aparece el conflicto. Que durante unas horas de un día no se pueda circular con el coche por ciertas calles siempre enfada a algún lugareño. Para mí, los motivos del cabreo solo pueden ser dos: o bien tiene mucho tiempo libre o está acostumbrado a subirse al coche para hacer cualquier recado. Puede haber una tercera opción, aunque ahora no se me ocurre. Lo normal es que por sistema protesten los mismos. Y lo habitual es que lo hagan cuando hay una cita deportiva por el medio. Está mejor visto que se cierren varias calles para que desfilen las comparsas en carnaval o para que las imágenes y sus devotos salgan en procesión durante la Semana Santa que para que cientos o miles de personas compitan utilizando una carretera o un casco urbano como escenario. Y eso que desfiles en honor a don Carnal y comitivas repletas de amantes de los santos se repiten durante varios días consecutivos.

Me sorprendió ver ayer tan molesto al alcalde de Boiro cuando aseguró que las críticas que se realizaron el pasado año tras la celebración del Campeonato de España de Duatlón por clubes estuvieron a punto de provocar que la prueba no volviera a la localidad. No me llamó la atención su enfado, sino que la opinión de unos cuantos llegara a poner en peligro el vínculo que ya existe entre la competición y el municipio barbanzano. Al final, todos estas citas multitudinarias, bien sean deportivas o festivas, se hacen en un pueblo para atraer gente. Cuanta más mejor, porque eso supone más bolsillos y eso conlleva más billetes para gastar.

Personalmente, hace tiempo que aprendí que nada es gratis. Si se quiere algo hay que pagarlo. Al igual que si te hace falta comida vas al supermercado o si necesitas unos pantalones a la tienda de ropa, para que la gente se gaste la pasta en tu concello tienes que ofrecer algo atractivo y esto tampoco está libre de peaje. Para que miles de personas vengan a Boiro a un duatlón hay que cortar calles, no hay otro remedio. Serán unas horas durante dos días, tampoco parece un precio tan alto que pagar por un fin de semana diferente.

Por Fran Brea CIUDADANA

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