Pensiones

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

Auna ya le queda poca bilis que expulsar, pero ciertos asuntos la siguen haciendo potear como en su tierna infancia. Uno de ellos son las pensiones, asunto donde los políticos se sienten como gorrinos en un lodazal. Creo que ni uno solo se ha sustraído a los cantos de sirena -porque estos no se amarran al mástil, como Ulises- y se han tirado al río revuelto.

La primera milonga es que nosotros estamos pagando las pensiones de las personas actualmente jubiladas. Mentira. Las pagaron ellas y por anticipado. Si la evolución de la esperanza de vida modificaba el planteamiento inicial serán culpables los (ir)responsables del asunto, que no tomaron las decisiones a tiempo. La segunda, que el actual sistema no se mantiene. Mentira también. El sistema de pensiones, como cualquier otro asunto, no es algo pétreo, inamovible; habrá que ir adaptándolo a la evolución de la sociedad. Lo que hacen falta son políticos con agallas que pongan encima de la mesa las acciones necesarias. La primera, penas de prisión para aquellos que metan mano a la hucha para otros asuntos.

Podíamos seguir, pero por falta de espacio permítanme una predicción: mientras las pensiones no se revaloricen al ritmo de los gastos de subsistencia (electricidad, combustibles, alimentación e impuestos) este país no saldrá del enorme socavón económico en el que se encuentra, que es negado por los que manejan los hilos de las marionetas; por aquello de las incómodas revoluciones. Si a esto añadimos el sangrado de la clase media y la explotación de los autónomos por parte del Estado podrán visualizar la dimensión del problema: ¡como el copón de la baraja!