Deja que muera en ti


Vivimos tiempos pragmáticos, hijo. Enfoca tus energías hacia algo productivo, rentable, contante y sonante. Economía, hijo, economía. Lo dicen los alemanes. Olvídate de esos griegos muertos hace miles de años, a nadie le interesan ya esas historias del mirmidón de pies ligeros que tanto y tan bien mató en las murallas de Troya. A ningún sitio te lleva eso hoy, ¿no has oído al Banco Central Europeo? El mundo necesita ingenieros, no poetas. Poesía... pero hombre, piensa un poco, eso no vale para nada, ¿cuánto cotiza en el IBEX35 un poeta?

El hijo, que creía amar el níveo vacío del folio, los requiebros líricos de la tristeza, el agridulce tañido del bolígrafo sobre el papel, las palabras tachadas, el acto creativo como amor mayúsculo y letal introspección, el escribir reprimiendo el llanto; se preguntaba: «¿Tendrá mi padre razón?».

Decidió hacerle caso, se acabaron los sonetos, no sirven para ganarse el pan. En estos tiempos hay que dejar que se apague el murmullo de Lorca, extinguir las pasiones y ser práctico. No debe uno entregarse a la volubilidad del arte. El mundo ni siquiera necesita poetas; abogados y farmacéuticos quizá, pero… ¿poetas? Supongo que no.

«Tienes razón, papá, me voy a dejar de atolondramientos y me buscaré algo útil». Obedeció a su padre y a los alemanes, vivió sin sobresaltos, con fría solvencia. Así protegió sus poesías, dejándolas morir dentro de sí, y todos aquellos versos nonatos que podrían haber emocionado al más inhumano se quedaron para siempre encerrados en su ventrículo izquierdo, a salvo del mundo y para nadie.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
35 votos
Tags
Comentarios

Deja que muera en ti