Hubo una época de bonanza en la que los ayuntamientos aprobaban como churros centenares de proyectos inmobiliarios entre los que también se incluían multitud de edificios públicos que, según proclamaban los regidores locales a los cuatro vientos, iban a servir para prestar un sinfín de servicios a los vecinos. Casi diez años después, muchos de estos inmuebles se quedaron olvidados en el papel, y los que finalmente se pusieron en pie no están en condiciones de ser utilizados por nadie. Las prisas con las que muchos alcaldes quisieron gastar su parte de la tarta del plan E o de las jugosas subvenciones europeas provocaron que muchos invirtiesen el dinero sin ton ni son, levantando mamotretos que no sabían si podrían mantener en el futuro, algo que la crisis les vino a confirmar.
El resultado está a la vista, y hoy en día no hay concello que se precie que no tenga en su inventario municipal alguna instalación pública que sigue cerrada a cal y canto, a pesar de que continúan existiendo multitud de necesidades que cubrir. ¿Qué hay que hacer para que estos edificios dejen de ser auténticos fantasmas? Conseguir dinero. Esa es la única respuesta válida y muchos ayuntamientos de la comarca no está en disposición de destinar parte de su escasa partida inversora a inmuebles que, en muchos casos, cuesta más ponerlos a andar que volver a edificarlos, o que realmente ya no se pueden destinar al cometido para que el fueron construidos.
Pero este problema no afecta únicamente a las dependencias que se levantaron hace pocos años, sino que los concellos también tienen entre sus posesiones más preciadas auténticas joyas arquitectónicas que precisan de una más que necesaria rehabilitación. Si en el caso de los edificios nuevos la cantidad de dinero a invertir era bastante considerable, en el de estas construcciones antiguas lo es todavía más, porque el inexorable paso del tiempo ha provocado que muchas de ellas se estén cayendo a cachos.
Sin embargo, parece que no todo está perdido para algunas de ellas, y en el caso del Casino de Noia o del pazo de Goiáns de Boiro ya se han anunciado sendos proyectos para conseguir que recobren su antiguo esplendor. Pero, antes, los concellos deberán echar mano de la chequera para poder costear inversiones que pueden superar el millón de euros en algunos casos.
Las ayudas de las distintas administraciones servirán para poder rescatar del olvido estos edificios fantasma que desde hace décadas están esperando para poder ser utilizados y disfrutados por los vecinos. Ahora solo falta que todos cumplan sus promesas y la comarca se despida por fin de estos mamotretos más propios del samaín.