¿La crónica de un cierre anunciado?

Marta Gómez / Sande RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

XOAN A. SOLER

Acostumbrados a vivir con rumores sobre el futuro de la planta, trabajadores de Calvo en Esteiro se olían que el progresivo desmantelamiento de su actividad acabaría mal

04 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando a finales de la semana pasada el grupo conservero Calvo anunció el cierre de sus instalaciones en Esteiro y el traslado de toda la producción y la plantilla a la fábrica de Carballo hubo en Muros quien apuntó a que este desenlace se veía venir. En los últimos años, la actividad en la planta muradana se ha ido reduciendo poco a poco, y esta situación ha provocado que los rumores de cierre sobrevuelen desde hace años la factoría.

Quizá como en el cuento, después de tantas advertencias sobre la clausura de la planta, el anuncio de la empresa fue una sorpresa para los trabajadores, que no dieron demasiado crédito a los rumores que ya circulaban. Pese a ello, la crónica de los últimos años de actividad en las instalaciones podría leerse como el anuncio de lo que se avecinaba. De hecho, hace 11 años la plantilla ya se movilizó para evitar el cierre, y eso que entonces Calvo le aseguró que la clausura de Esteiro no entraba en sus planes. «Daquela armouse moito barullo. Baixara bastante a produción e había medo a que pecharan, pero nunca dixeron que foran facelo. Levarei 27 anos e desde o primeiro houbo rumores de que había perdas, e sempre fomos tirando. Agora é distinto», comenta el presidente del comité, Diego Caamaño.

La preocupación de los trabajadores en el 2006, que derivó en protestas que incluso llegaron a San Caetano, venía por los movimientos de la empresa para trasladar la línea de envasado de vidrio a El Salvador. Entonces, eso se interpretó como el primer paso de un proceso que llevaría a dejar sin actividad la factoría ubicada en el municipio muradano, y lo cierto es que, con el paso del tiempo, otras líneas de producción corrieron la misma suerte: «Tiñamos medo de que pasara o que pasou agora. Canto menos fabricación, menos beneficios, iso sábeo calquera», apuntaba otro trabajador.

Explican quienes conocen la realidad de la factoría muradana que los rumores de cierre les han acompañado prácticamente desde siempre, igual que las noticias por parte de la empresa hablando de pérdidas. En ese caldo de cultivo surgieron en el 2010 comentarios relacionados con la venta de las instalaciones a la Organización de Productores Mexilloeiros de Galicia (Opmega).

Según se publicó entonces, se valoraba la operación en 550.000 euros y, aunque no llegó a materializarse, los empleados temieron seriamente por su futuro, un miedo que regresaría cuando abandonaron la producción de mejillón.

Hace dos años

En 1995, después de diez años implantada en Muros, Calvo elaboraba en la factoría mejillón, sardina y calamar y contaba con una plantilla que oscilaba entre los 179 y los 300 trabajadores, sumando a los eventuales. En la actualidad, son un centenar los empleados afectados por la decisión de trasladar la producción a Carballo y la actividad en la planta de Esteiro se reduce a la limpieza de lomos de atún. Explica Caamaño que hace un par de años que la instalación se convirtió en una lomera: «Levaron o mexillón porque tiña un custe moi elevado e déronnos tres opcións: pechar -algo que practicamente descartaban- desprazarnos a Carballo ou converternos nunha lomeira».

Esta tercera vía fue la elegida, pero ahora Calvo argumenta que ha perdido competitividad y apuesta por concentrar su actividad en la capital de Bergantiños, algo con lo que no comulga el comité: «Non queremos que peche, miraremos o que haxa que mirar para tratar de evitalo».