Una ribeirense crea en A Coruña las primeras casas nido, alternativas a las guarderías
05 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.«Me parece que el bebé es muy pequeño para mandarlo ya a la guardería». ¿Cuántas veces hemos oído esta frase en familias con niños recién nacidos? Por esta razón, empezaron a surgir en las grandes ciudades europeas las llamadas casas nido, una alternativa a las tradicionales guarderías. Se las conoce como madres de día y abren sus casas para el cuidado de los bebés. Marina González (Mámoa, Ribeira, 1968) ha montado en el barrio coruñés de Santa Gema una de las primeras casas nido de la ciudad.
-¿Por qué decidió dar el paso?
-Porque yo ya estaba trabajando para una escuela infantil y veía que algunas madres y padres demandaban este servicio.
-¿Qué le pedían?
-Me decían que llevar a un niño tan pequeño a una gran entidad, con sus horarios y su media de ocho niños por cada educador, no les parecía muy familiar.
-En Europa esto ya existe desde hace tiempo.
-Sí, empezaron hace unos cuarenta años en Inglaterra, Países Bajos, Noruega... En España las pioneras fueron Navarra y el País Vasco. Luego se extendió a todo el país.
-¿Está regulado en Galicia?
-Aún no; están en ello. Aparte del proyecto de la Xunta con casas nido en el rural. Esto es algo nuevo todavía en las ciudades.
-¿Dónde se formó usted?
-Fui a la Red de Madres de Día de Madrid, creada hace más de cuatro años. Allí me asesoraron, me formé, vi cómo trabajaban y ya me decidí. Me dije: «¡Esto me lo llevo yo para Galicia!».
-¿Tuvo que adaptar su casa?
-Sí, claro. En mi familia somos cuatro personas y, aunque mis hijas ya son adolescentes, mi casa no valía para esto. Así que busqué y nos trasladamos a un piso en mi barrio, Santa Gema, que es súper tranquilo y con mucha naturaleza alrededor.
-Pero usted y su familia viven ahí.
-Sí, es que tienes que vivir ahí. Debe haber un hogar formado. Los bebés tienen que sentir que esto es como su otro hogar, una prolongación de su casa, para que no noten apenas la diferencia. Salen de su casa para irse a otra que es parecida y muy tranquila.
-¿Y si viene una de sus hijas y quiere poner la música a tope?
-Es que por la mañana no suelen estar, ni ellas ni mi pareja, que adora a los bebés también.
-O sea, que algún horario hay.
-Sí, claro. Con flexibilidad, pero serían unas seis horas. Se pueden hacer hasta ocho, pero me parecen demasiadas para un bebé fuera de casa. Y utilizamos la pedagogía de la crianza respetuosa.
-¿En qué consiste?
-Se trata de dejar que los bebés crezcan libremente, sin dirigirlos. Simplemente, observándoles, que vayan viendo sus habilidades. Tú le acompañas. Aquí no hay prisas, todo lo hacemos con amor, ternura y seguimiento. Esa es la clave.
-Pero eso en una guardería también se tiene. ¿Cuál es la diferencia entonces con una escuela infantil?
-Evidentemente que todo eso también lo tienes. La diferencia es que esto es más selectivo. Está pensado para un grupo muy reducido de niños.
-¿Cuántos bebés podrá acoger como máximo?
-Un grupo de cuatro o cinco niños como máximo.
-¿De qué edades?
-El proyecto está pensando para niños de 0 a 3 años, pero, normalmente, se suelen quedar solo hasta los 2, porque muchos padres prefieren que, a partir de esa edad, vayan a la escuela infantil. Y luego ya llega la etapa de ir al colegio.
-Aparte de que haya menos niños, ¿qué otras ventajas tiene?
-Que apenas hay enfermedades, porque somos siempre los mismos. Al ser menos, se reducen las posibilidades de virus.
-¿Y libre de peligros?
-Todo adaptado, por supuesto. Puertas, enchufes, esquinas, no puede haber nada cortante... Aunque en Galicia no está regulado, yo me he guiado por la normativa de Madrid y por la europea. Mi casa es de ellos. La única zona privada es mi dormitorio.