Lardo Moure, el artesano que forja campeonas sobre la pista

El técnico pobrense entrena, o ha entrenado, a grandes como Ana Peleteiro, Lydia Parada o Jessica Rial


ribeira / la voz

Era prácticamente imposible que Lardo Moure García (A Pobra, 1979) encaminase su vida a cualquier otra cosa que no incluyese la estela del polvo de una pista de atletismo. Su padre, el histórico Pepe Moure, fue el fundador en 1984 del segundo hogar de esta familia, la Asociación de Atletismo e Deportes do Barbanza. Con solo 5 años, el pequeño Abelardo fue uno de los primeros atletas en enarbolar la bandera de este club.

Tres décadas más tarde, los rostros en el pobrense campo de A Alta han cambiado, pero más lo ha hecho el medallero de la asociación. Desde que Lardo Moure tomó el testigo de su progenitor y se convirtió en entrenador, el conjunto de los atletas que dirige acumula 47 metales en campeonatos nacionales, tres en europeos y mundiales, catorce récords estatales, 27 récords autonómicos, ocho finalistas internacionales y más de 200 medallas a nivel gallego. Entre esta lista sobresalen los nombres de campeonas de la talla de Ana Peleteiro, Lydia Parada o Iria Forján.

El atleta

Mucho antes de que Moure se convirtiese en artesano de atletas de élite, fue un brillante y prometedor deportista que comenzó practicando desde disciplinas como medio fondo y salto hasta lanzamientos. Con 12 años, su nombre ya estaba entre los primeros de Galicia, pero eso fue hasta que llegó 1993.

En ese año, el pobrense acompañó a su primo a competir en un trofeo infantil compostelano. Era la primera vez que lanzaba una jabalina en competición y consiguió la mínima para el campeonato gallego en Ourense. Allí quedó tercero en los 1.000 metros obstáculos, su disciplina potencial, pero «para mi sorpresa y la de mi padre, quedé subcampeón de Galicia en jabalina, mejorando en ocho metros mi marca». Cuando pasó a ser cadete, combinó el medio fondo y el lanzamiento hasta que una tendinitis crónica de nacimiento lo apartó sin remedio de la carrera.

Lardo Moure no se rindió, es más, se convirtió en autodidacta en una época en la que carecían de recursos y conocimientos para practicar la jabalina. Mas el destino suele aliarse con el esfuerzo. Mientras en A Coruña se construía el actual estadio de Riazor, uno de los mejores entrenadores españoles de esta disciplina, Raimundo Fernández, comenzó a entrenar en A Alta. A este ídolo de Moure le acompañaban atletas de la talla de la olímpica Ángeles Barreiro. Así fue como el pobrense recibió el mejor asesoramiento posible y comenzó a entrenar al lado de los que eran sus referentes. Eso no marcaría solamente la diferencia en su carrera como atleta, sino que también influiría en su trayectoria como entrenador, que comenzó con 16 años y ahora ya supera las dos décadas.

Moure vivió una fulgurante carrera como lanzador, de forma paralela a sus estudios y trabajo, primero en el Club Atletismo Rías Ferrol -del que son filial en la actualidad- y después ascendiendo en una escalera que le llevó por el Club Atletismo Ourense, Scorpio de Zaragoza, Scania de Pamplona, Universidad de Burgos y Fent Camí Mislata de Valencia. Pasó de dormir en furgonetas y comer bocadillos en áreas de servicio -horas antes de competir en un torneo nacional- a alojarse en hoteles y disponer de los mejores recursos en las más altas categorías.

El entrenador

A partir del 2007, cayeron en sus manos los diamantes en bruto que eran Lydia Parada y Jessica Rial. A ello se sumó el trágico incidente en el meeting Ciudad de Santander, en el que tras un lanzamiento cayó al suelo y para evitar que este fuese nulo, se provocó una distensión en su mano de arrojar. «Son cosas del destino, pero si no me llega a ocurrir quizás mis atletas no hubieran llegado a ser lo que hoy son», confesó Moure con total sinceridad.

Bajo su disciplina, de A Alta han salido méritos de vértigo. Fue el entrenador más joven del campeonato del mundo júnior en clasificar a dos atletas para una selección nacional: Ana Peleteiro y Lydia Parada. La primera se erigió campeona mundial de triple salto. Y en la actualidad, Parada no ha perdido ni un solo campeonato estatal. Moure y ella solo piensan en Tokio 2020 como el gran objetivo. Mas ya quedó demostrado que ninguna meta es imposible, si este artesano sopla el viento que guía la jabalina.

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