Gente

Maxi Olariaga LA MARAÑA

BARBANZA

Al parecer, los políticos no hacen nada por sus intereses sino que todo, todito lo que se les ocurre y ponen en práctica, lo hacen por nosotros, por la gente. Esa palabra, «gente», por tan sobada, ya comienza a sonar mal. Y, aunque uno forma parte de la gente, es ciertamente molesto que el político de turno te llame «gente», con esa generalidad que a todo el mundo alinea en el pensamiento único. Si el PP anuncia que tal o cual medida se toma porque eso es lo que pide la gente, debería aclarar que se refiere a «su gente», entiéndase a «sus» votantes o simpatizantes. También por la izquierda y por el centro, sus líderes políticos presentan sus proyectos e ideas, tanto en el Parlamento como ante la prensa, como medidas que se toman o deberían tomarse porque «la gente» lo pide a gritos. Que sepamos, a pie de obra, en aquellos lugares en los que trabajamos, residimos, disfrutamos o sufrimos, en absoluto la gente influye en las decisiones que se toman en las alturas. Si esto fuera así, muchos políticos serían diariamente corridos a gorrazos por «la gente».

En este mismo columnario, lo explicaba muy bien Alicia Fernández el sábado recordando el aniversario de la moción de censura que en Noia dio el poder al PP. Decía: «La moción era una pura cuestión política, algo que afecta muy poco a los ciudadanos en nombre de los cuales se realizó». Impecable, sí. Porque la gente tendremos que suponer que cuando el NOIA encumbró al PSOE dándole la alcaldía, lo hizo porque eso es lo que quería la «gente». ¿Cómo, a los pocos meses, traicionó el NOIA a esa misma «gente» entregándole dicha alcaldía al PP? Cosas veredes, Sancho.