El gran reto de la lonja de Ribeira

Ana Gerpe Varela
A. Gerpe CRÓNICA

BARBANZA

Si nada se tuerce, la lonja de Ribeira está a punto de iniciar una nueva etapa. Sucederá lo lógico: el ayuntamiento dejará de encargarse de la gestión y serán los propios profesionales quienes se hagan cargo de la misma. A los foráneos siempre nos resultó difícil comprender qué propició el hecho de que fuera el Ayuntamiento, como si no tuviera ya bastantes cosas a su cargo, el responsable de una instalación dedicada a una actividad económica, la principal actividad económica del municipio. Ha costado lo suyo que se diera el paso, pero finalmente se ha hecho.

Comienza otra etapa no solo porque la tutela dejará de corresponder a la Administración local, sino porque el nuevo rumbo coincide con la apertura del recinto de subastas más importante de los financiados por Portos de Galicia hasta la fecha. El cierre del período de gestión municipal no ha podido ser más brillante, una facturación de récord y un volumen de kilogramos descargados en el puerto que también roza máximos históricos.

Los datos son buenos, pero la gran asignatura pendiente de la lonja de Ribeira, lo que realmente va a marcar su ser o no ser, es conseguir que se descarguen en la misma especies que alcanzan gran valor comercial. Hasta ahora, la rula de Ribeira obtiene destacados niveles de facturación porque por ella se mueve una gran cantidad de pescado. Como dice su actual administrador, «aquí véndese o peixe kilo a kilo». Es cierto que hay muchos pequeños compradores a los que habrá que continuar dando servicio, pero pensando en el futuro, lo idóneo sería dar un paso más.

Cabe pensar, por ejemplo, que el valor medio de los pescados y mariscos subastados en el recinto ribeirense durante el pasado año fue de 1,36 euros. Para llegar a los 43 millones de facturación, en Ribeira se subastaron 31 millones de kilogramos. En la rula de Celeiro se facturaron diez millones más de euros y, sin embargo, se comercializó la mitad de mercancía. Ya no hablemos del caso de Burela, con un movimiento económico incluso ligeramente superior al de la lonja de A Coruña y, sin embargo, con ocho millones de kilos menos subastados que en Ribeira.

El denominador común en Celeiro y Burela es que el valor medio de la mercancía por la que se puja en sus rulas supera los 3 euros. En ellas se comercializan capturas procedentes del Gran Sol de las que, por ejemplo, no hay ni rastro en Ribeira.

Atraer ese tipo de mercancía a la capital barbanzana será una garantía de futuro, como también lo será buscar fórmulas para crear en la comarca una gran lonja, en vez de tener muchas pequeñas que generan gastos y en las que a veces no se consiguen los mejores precios para la calidad de lo que se vende.