Segunda B El Boiro ha superado el ecuador del campeonato evitando el descenso y situándose a tres puntos del décimo puesto, que es el objetivo a final de temporada
26 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Diecinueve partidos jugados, cinco ganados, otros tantos empatados y nueve derrotas. Y todo ello para sumar 20 puntos que sitúan al Boiro en la decimocuarta posición, dos puestos por encima del descenso, o, si se prefiere ver la botella medio llena, a tres puntos de la décima plaza en la tabla. Es decir, el equipo ha hecho los deberes en la primera vuelta de su bautismo en Segunda B con una plantilla que ha sabido aprovechar los goles a favor para, de momento, esquivar el precipicio de la clasificación, aunque sea por un estrecho margen que, por ahora, permite afrontar el resto del calendario con optimismo.
La plantilla ha dado síntomas de buen juego en algunos encuentros en los que logró llevarse la victoria (como en el último choque contra el Burgos a domicilio), algo que contrasta con otros partidos que no acabaron saliendo todo lo bien que se esperaba, ya sea por decisiones arbitrales o por la falta de experiencia a la hora de cometer errores puntuales. Lo que no puede negarse es que el equipo cree en el discurso del técnico, Fredi Álvarez, algo que quedó constatado en la mala racha de resultados (derrotas abultadas contra el Pontevedra o el Celta B) que se superaron a base de mantener unido al vestuario. De esto tiene buena parte de culpa el técnico, un entrenador aparentemente tranquilo que sabe combinar la experiencia de algunos jugadores que llegaron a Barraña de su mano con la juventud de otros que no dan un balón por perdido, ya sea en defensa o en ataque.
Carencia
Un lastre que arrastró el equipo durante la primera vuelta es la falta de gol. Los números dicen que el Boiro metió 16 tantos en 19 partidos, es decir, sale a menos de un gol por encuentro. Si este dato se compara con el restos de equipos que compiten en su grupo, las matemáticas revelan que los blancos son el quinto conjunto que menos acierto tiene de cara a la portería contraria. En la parte ofensiva hay que destacar el trabajo y acierto de Romay, un jugador que ha ido de menos a más y que, sin llamar la atención, se ha convertido en la brújula ofensiva del equipo de Barraña. Resulta justo aplaudir el trabajo que realiza Rivera en cada encuentro, peleándose deportivamente con cuanto defensa le sale al encuentro para abrir huecos.
El Boiro, en tareas defensivas, también tiene margen de mejora. En los 19 encuentros jugados ha encajado 26 goles. Es decir, sale a más de uno por jornada, aunque la clasificación evidencia que la plantilla ha sabido amortizar los puntos cosechados. Tanto es así que, ganando el próximo partido (el 7 de enero contra el Lealtad como visitante), y teniendo un golpe de suerte en los choques de sus rivales directos, los de Fredi pueden asentarse en una cómoda décima posición. La gran incógnita está en saber cómo responderá la plantilla en la segunda vuelta, un tramo del campeonato en el que por todos es sabido que, con la llegada de la primavera, el verde de Barraña pasa por su mejor momento de la temporada. Algo que, se presupone, ayudará al Boiro a hacer su juego en los encuentros que serán decisivos para apuntalar la permanencia.
Punto y aparte se merece lo ocurrido dentro de Barraña, pero fuera del terreno de juego. La grada es el termómetro perfecto para medir la repercusión que ha tenido el ascenso a Segunda B. Y es que este campo, cuando el Boiro juega de local, recibe a aficionados del deporte rey de toda la comarca, lo que, sin duda, evidencia que el hecho de estar en esta categoría es algo que no solo disfrutan los boiristas, también el conjunto de los barbanzanos.