La profesora de ballet

Estevo Silva Piñeiro SOSPECHOSO HABITUAL

BARBANZA

Hoy podría ensañarme sin piedad con el escándalo del rescate de las autopistas del pelotazo del señor Aznar, que sin duda ha sido en la intrascendente opinión de este que escribe, el más perjudicial presidente de la historia de España. Pero no lo haré, porque hay hoy en Boiro una mujer a la que admiro profundamente que respira, al fin, entre el alivio y la satisfacción de lograr de nuevo un espectáculo que marca para muchos el inicio de la Navidad.

Me refiero a Susana Muñiz, la profesora de ballet que comenzó hace años con un puñadito de pequeñas y que atesora más arte y elegancia en la uña de su dedo meñique de la que podré aunar yo a lo largo de toda mi vida.

Sepan que mi opinión no es del todo neutral, no porque mis palabras no honren a la verdad, si no porque esta mujer, incomprensiblemente, se ha dignado a acompañarme en este azaroso discurrir por la vida y todavía resiste, cual aldea gala, los embates de esta guarnición descerebrada que soy yo mismo, virtud que la acerca sobremanera a la santidad. Pero deben creerme cuando les digo que todo el esfuerzo, amor y tesón que pone en su trabajo se quedan pequeños si los comparamos con su enorme calidad humana.

Hoy quiero aprovechar egoístamente la oportunidad que me brinda este espacio para reconocer su ardua labor profesional, su enorme dedicación y también el sacrificio para con sus alumnas y la enorme luz que aporta a este pedacito del mundo sin la cual, con franqueza les digo, sería difícilmente soportable para mí. Bravo profesora.