La lonja de Ribeira es sin lugar a dudas el motor económico de la capital barbanzana. Decenas de vehículos salen todos los días con dirección a mercados de España y a numerosos puntos de venta. Aún no hace mucho que los camiones eran un auténtico incordio cuando circulaban por la vieja AC-550. Interminables colas. Además, la grasilla que desprendía el pescado del interior era un auténtico peligro. Había puntos negros en los que eran frecuentes las salidas de vía de las que se culpaba precisamente a los vehículos que procedían de la rula de Santa Uxía.
Era normal ver salir volando de las cajas de los camiones algún que otro atún cuando cogía alguna curva cerrada. El peligro era constante y había que tomar las precauciones necesarias. Esos grandes de la carretera tenían que cumplir un horario y estar en su destino con el tiempo suficiente para abastecer a la clientela. Así que el acelerador a fondo y a rugir a lo largo de la comarca.
Pero llegó el progreso a la zona con la puesta en marcha de la autovía. Se acabó el tráfico pesado por los cascos urbanos y también que quedase por la calzada esparcida la grasa del pescado.
Las normas cambiaron y ahora ya no se pueden verter los líquidos del interior directamente en la calzada. Los vehículos tienen que tener los mecanismos suficientes para evitar que queden esparcidos por la carretera, pues pueden provocar algún que otro accidente.
Aún así, todavía se puede ver como algún que otro vehículo va dejando un rastro de agua procedente del interior. Las calzadas todavía están secas, pero cuando caigan las primeras lluvias el problema se puede agravar. Es necesario extremar las precauciones y más aún en los vehículos que transportan este tipo de mercancías y que pueden suponer algún que otro contratiempo para el resto de conductores.
La seguridad de las personas es demasiado importante y toda precaución es poca. La carretera es un peligro que sigue estando ahí, por lo que hay que evitar por todos los medios situaciones que puedan perjudicar al resto de conductores. Los residuos que desprenden las mercancías, y en especial las relacionadas con el mar son un peligro para el resto de los usuarios.
Algunos conductores conocen perfectamente lo que es ir detrás de algún vehículo de estas características. El agua salpica hasta el parabrisas y el capó queda impregnado de una pasta pegajosa y maloliente. Es un auténtico peligro circular así por las vías de la comarca aunque hay vehículos que cumplen las normas y llevan la mercancía en condiciones. Prevenir es mucho mejor que lamentar y no es difícil cumplir las normas.