Crisis de los 30


Cada vez que estoy con gente de mi quinta pienso: ¡Qué mayores están todos menos yo! Dicen que los treinta son los nuevos veinte pero en realidad somos demasiado viejos para los jóvenes y demasiado jóvenes para los viejos. Este fin de semana los ánimos estaban por los suelos. Les digo: «Rapaces, ¡que Borges no escribió nada bueno hasta después de los 35 y Raymond Chandler empezó a escribir con 44!». Contestan: «Bueno, ya, pero Neymar?» Agarro mi cerveza y mi monóculo (la chapa de la birra) y me hago el digno: «Si empezamos a hablar del Barcelona me voy, os juro que me voy».

A lo mejor es porque soy imbécil e inmaduro pero yo tengo la impresión de que la vida empieza ahora. Es cierto que me ayuda mucho tener una pareja comprensiva, cuando me acechan las crisis existenciales pienso en ella y se me pasa. Si un veterano como yo es útil para una hembra tan alfa, ¿qué crisis ni qué nada?.

Amigo treintañero (y amigo octogenario) olvídate de las crisis por tu edad porque al final resulta que hoy estás y mañana no, el planeta te olvida y en este universo ya no importas. Inevitable. Para vivir es necesario olvidar toda esa farsa de dejar una huella en el mundo. Búscate una buena pareja, una que te quiera, intenta currar lo justo y vivir lo máximo, complácete con poco, sonríe cuando puedas, lee, sé prisionero de tus pasiones y, cuando te hayas ido, ya no habrá nada que deba preocuparte. Porque el día que la vida hace alquimia y nos transmuta en ocaso, ya ni eres coronel ni tienes quien te escriba. Olvida lo que deberías haber sido para el mundo, sé para ti, tú eres el mundo.

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