Nunca el robo de un sillón dio para tanto

María Xosé Blanco Giráldez
M. x. Blanco RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Dani Gestoso

Tras buscar sin éxito la butaca, sus dueños han decidido hacerle un altar e incluso dedicarle un día

12 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

No tiene un elevado valor económico, no es una pieza artística y ni siquiera es un objeto de esos capaces de dejar huella a nivel sentimental, pero el sillón que alguien robó en el bar Ágora de Boiro está dando mucho que hablar. Tanto el dueño del local como los camareros han movido Roma con Santiago para tratar de encontrarlo y ahora que lo dan por perdido, tienen en mente llevar a cabo una serie de actividades para inmortalizarlo.

Esta singular historia arrancaba la madrugada del pasado 18 de septiembre. Leonardo Santone, uno de los camareros del establecimiento, estaba recogieron la terraza para cerrar el bar. Retiró los cojines de las butacas dispuestas estratégicamente en la calle y, cuando salió de nuevo al exterior, se dio cuenta de que dos de los sofás ya no estaban en su sitio. Sabía que habían pasado pocos minutos, por lo que no dudó en recorrer el entorno de la cafetería a la caza del caco. La búsqueda dio sus frutos, en parte. Encontró uno de los sillones pero, pese a extender el radio de acción a buena parte del casco urbano boirense, tuvo que abandonar sin dar con la otra pieza.

Al día siguiente fue toda la plantilla del Ágora, así como los clientes más fieles, los que emprendieron una campaña para tratar de dar con el sillón perdido. El propietario del local, Tony Chaves, incluso difundió unos carteles con la fotografía del sofá, pero todo fue inútil. «Se fose un caco, xa tivera aparecido por algunha esquina, aínda que fora esnaquizado, polo que pensamos que algún veciño o ten na súa casa. De feito, cando saímos á terraza miramos cara os balcóns a ver se o atopamos», comentaba ayer Nacho Tarela, uno de los camareros del establecimiento.

Elemento promocional

Como el tiempo pasaba y los clientes no paraban de hacer preguntas y plantear hipótesis sobre el paradero del dichoso sofá, desde la cafetería decidieron sacarle partido al robo y convertir la butaca desaparecida en un elemento promocional: «A verdade é que foi moi gordo o que se montou ao redor do tema. Primeiro polo estraño do suceso, pois ningún veu nada, e despois polas bromas da xente», comenta Tarela.

La idea es que el próximo capítulo de esta singular historia se escriba dentro de unos días, coincidiendo con la celebración de Halloween. El dueño del Ágora y sus camareros pretenden montar un altar con la fotografía del sofá desaparecido, su cojín e incluso una reproducción en miniatura. No faltarán, claro está, las velas de rigor.

Desde el establecimiento hostelero incluso están pensando en una iniciativa de mayor envergadura de cara al año que viene. Pasaría por instaurar el día de san sillón. Ahora solo falta elaborar un programa de actividades lúdicas a la altura de cualquier fiesta que se precie. «O Farmassia conmemora todos os anos o día de San Carallán e nós decidimos, aproveitando o tirón que está a ter o tema do sofá roubado, montar algo similar», explica Tarela.

Pese a tratarse de una sustracción en toda regla, a este caso bien puede aplicársele el dicho de que no hay mal que por bien no venga. Dicen desde la cafetería Ágora que la expectación que ha causado el suceso ha sido tanta que, de alguna manera, ha contribuido a animar el tramo final de la calle Pablo Iglesias, que estaba un poco muerto: «Todo o que sexa para darlle algo de vida a esta rúa será benvido», concluye en tono divertido Nacho Tarela.