Nuevo columnismo

Javier Romero Doniz
Javier Romero CRÓNICA

BARBANZA

Hacía mucho tiempo -y no por una cuestión de edad, más bien por el elevado número de elecciones vividas en los últimos años- que no experimentaba una campaña electoral completa disfrutando tranquilamente del período vacacional. Y tengo que admitir lo gratificante que resulta mantenerse al margen de la actividad propia de una campaña, ya que uno, cuando no ejerce el oficio, tiene libertad a la hora de no leer las arengas escritas, radiadas o televisadas del partido o político de turno. Esto no implica que el apagón informativo personal fuese absoluto, ya que la cabra siempre tiró, y tira, al monte, y entre periódicos y redes sociales pude comprobar (más que nunca) el elevado intrusismo que se vive en el noble ejercicio periodístico, y en especial entre los articulistas. Aquí uno se puede encontrar con autodenominados columnistas que pontifican sin autoridad y, lo más grave, basando sus argumentos en rumores con afán difamatorio que el tiempo acaba dilapidando y que no hacen más que denostar este cívico oficio.

Especial rechazo siento por algunos devotos de Twitter que se creen lo suficientemente sofisticados para lanzar mensajes creíbles recogidos en 140 caracteres, aunque viendo a los líderes del PSOE y Podemos haciendo visibles sus cruciales negociaciones a través de la citada plataforma, ya todo resulta creíble. Estos mismos difamadores, lejos al menos de hacer daño a pecho descubierto, se presentan como auténticos acoquinados al esconder su verdadera identidad tras seudónimos que no hacen más que delatar su verdadera naturaleza. En la comarca tenemos un caso que lleva azuzando el ambiente desde hace tiempo por su afición a empichar, y aunque no se puede negar que, en alguna ocasión, puede resultar gracioso, más cierto es que el grueso de las veces sus comentarios resultan ofensivos, groseros y fuera de lugar. Aunque supongo que el destinatario, por aquello de no remover a las masas digitales -que ya sabe que son de todo menos tolerantes- va tragando con esa cruz, como si lo de ser alcalde (no entro a valorar si bueno o malo) no fuese un trabajo por sí solo complicado. Dicho esto, y tras observar el ejemplo de tolerancia del diputado Fernán Vello (llamar a los gallegos «ignorantes» por la victoria del PP), uno ya no sabe si es mejor que la gente de gatillo fácil se mantenga en la sombra para disimular su verdadera naturaleza.