Saber


¿Me permite un consejo, honorable lector? Fórmese, estudie, lea. Tenga la edad que tenga. Leer lo hará sentirse mejor, incluso lo hará mejor. En estos tiempos tumultuosos lo único que no van a poder quitarle es el conocimiento. Tiburones hipotecarios pueden dejarlo sin casa, su marido podrá irse con una caribeña (o un caribeño); perderá usted vista, pelo, amigos, el vigor, la inocencia, la dignidad, la tersura de la piel; será usted sometido a deshonrosas ignominias y hasta verá al Madrid perder alguna final. Todo es pasajero. Todo, excepto la cultura. Su educación es algo que no le arrancarán.

Hace unos años hice un trabajo para la Universidad sobre Publio Cornelio Escipión, el hombre que detuvo al cartaginés Aníbal. Todo lo que aprendí haciendo ese trabajo lo disfruté en inigualable éxtasis cuando caminé con Mercedes por la Vía Apia en Roma, por un momento creí ser el mismísimo Escipión de la mano de su amada Emilia Tercia. Qué tontería, dirán, pero yo suelo tener la autoestima baja, muchos días me siento como un montón de mierda y en ese momento, durante un suspiro, me sentí brillar con la intensidad de tres firmamentos.

Porque saber cosas es uno de los gozos íntimos del alma. Y nunca es tarde. Ilusiónese con un libro, con un arte o un oficio y emprenda la aventura del saber con la serena tranquilidad del que camina por un vergel, escuche como su corazón se acompasa con el canto de los mirlos y sienta como la diosa Yavanna hace crecer dentro suya el Árbol Blanco de Minas Tirith. Abrir los libros para no tener que empuñar las espadas. Por Gondor.

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