Hay un mutismo absoluto, dicen unos; todos hablan, pero nadie explica nada, apuntan otros. El hecho de que la lonja de Ribeira continúe cerrada y de que, a punto de iniciarse el mes de junio, todavía no haya salido a concurso el nuevo pliego de condiciones para su adjudicación está en boca de todos. Los más pesimistas piensan que, este año, es poco probable que inicie su andadura. Sin embargo, no puede decirse que la Xunta esté de brazos cruzados. El vicepresidente de Portos tiene casi una sede permanente en Ribeira, porque las reuniones con unos y con otros no dejan de sucederse. Una empresa de Vigo está interesada en hacerse con la gestión, pero no es la única. Desde luego, lo que interesa es que aumente el volumen de ventas con la llegada, por ejemplo, de mercancía procedente del Gran Sol o, incluso, con la comercialización de producto congelado.
Sin embargo, todavía quedan muchos pasos por dar para que la rula esté operativa. Los dos barcos que llevan años amarrados en el puerto y que, tras la obra, han quedado frente a la instalación, todavía no han sido retirados. Al mismo tiempo, hay que comprar equipamiento nuevo para el recinto de subastas porque el que se emplea en la lonja actual está completamente obsoleto y no sirve. Por otra parte, los adjudicatarios de las nuevas dependencias para la manipulación del pescado todavía no las han ocupado y, a nadie se le escapa, ponerlas a punto les llevará un tiempo.
El hecho de que el recinto siga cerrado suscita en Ribeira todo tipo de comentarios, algunos bastante sarcásticos. Teniendo en cuenta la importancia del sector del mar en el municipio, sería interesante que se agilizasen los procedimientos para su apertura. Posiblemente no sea sencillo, especialmente porque, y no debe olvidarse, en primera instancia nadie se quiso hacerse cargo de la lonja y el concurso quedó desierto. Parece que las cosas han cambiado ahora, pero todo ello redunda en los plazos de puesta en marcha del recinto.